La Comida Rápida Amenaza Nuestra Identidad Zoque: "Sin Nuestra Gastronomía, No Somos Nada"
TUXTLA GUTIÉRREZ, Chis., 14 de agosto 2026.-El pueblo Mam en Tapachula, enfrenta una de las crisis más silenciosas y profundas de su historia: la desaparición gradual de su idioma. No se trata únicamente de perder palabras o formas de nombrar el mundo, sino de borrar con ellas toda una cosmovisión, relatos orales, prácticas curativas, conocimientos agrícolas y la memoria viva de sus antepasados.
Así lo advierte José Salas Velázquez, representante de la comunidad de Nueva Alcia Mam, quien ha alzado la voz para exigir que el rescate lingüístico llegue a tiempo a los niños y jóvenes, antes de que los últimos hablantes naturales cierren los ojos y se lleven consigo siglos de historia.
De acuerdo con el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas (INALI), con datos del INEGI correspondientes a 2020, en todo México existen 11 mil 369 hablantes de Mam. De ellos, 8 mil 12 residen en Chiapas, lo que significa que siete de cada diez personas que aún conservan esta lengua viven en la entidad. Esta concentración convierte al estado en el último bastión del Mam, pero también en el escenario donde se definirá su extinción o su permanencia.
Sin embargo, la fotografía demográfica es desalentadora. El INALI detalla que apenas mil hablantes tienen entre 3 y 14 años, mientras que 3 mil 436 superan los 55 años. Esta brecha generacional evidencia un fenómeno común en muchas lenguas originarias: los abuelos aún la dominan, pero los niños ya no la aprenden. La transmisión natural en el hogar se ha roto, y en las escuelas la situación no es mejor. Salas Velázquez denuncia que muchos maestros de primaria en las comunidades Mam no dominan el idioma, por lo que las clases terminan impartiéndose en español, relegando la lengua materna a un segundo plano o, peor aún, al olvido.
"Cuando un niño deja de escuchar Mam en su casa y en la escuela, no solo pierde palabras, pierde la forma en que sus abuelos entendían el clima, la siembra, la medicina tradicional y el respeto a la naturaleza", explica el representante comunitario. Para él, el rescate no puede limitarse a talleres o materiales didácticos; debe implicar un cambio estructural que comience por la formación de docentes bilingües y por la incorporación del Mam como lengua viva dentro del aula, no como una asignatura decorativa.
Pero el problema no es únicamente pedagógico, sino también social. Salas Velázquez fue claro al señalar que las comunidades Mam padecen carencias básicas que empujan a las familias a emigrar. Por eso, su llamado incluye demandas concretas al gobierno: mejorar los caminos de acceso, garantizar agua potable y llevar electricidad a las localidades más apartadas. "Un joven que crece sin servicios mínimos no encuentra razones para quedarse, y si se va, el idioma se queda huérfano", sentencia.
Lo paradójico es que los adultos mayores mantienen una disposición inquebrantable para enseñar. Están listos para transmitir su conocimiento, para contar historias y para corregir la pronunciación de los más pequeños. El problema no es la falta de voluntad de los abuelos, sino la ausencia de condiciones que permitan que ese aprendizaje ocurra de manera cotidiana y natural. La escuela, la familia y el Estado deben tejer una alianza urgente.
El pueblo Mam no pide solo reconocimiento simbólico, sino acciones concretas: que el idioma entre a las aulas con maestros capacitados, que los niños lo escuchen en los patios, que las asambleas comunitarias se realicen en Mam y que las nuevas generaciones se sientan orgullosas de hablarlo. Si no se actúa ahora, advierte Salas Velázquez, en dos décadas el Mam podría ser solo un eco en la memoria de unos pocos ancianos. La oportunidad está en manos de todos, pero el tiempo corre en contra de los hablantes más viejos.




