La Comida Rápida Amenaza Nuestra Identidad Zoque: "Sin Nuestra Gastronomía, No Somos Nada"
ACAPULCO, Gro., 20 de octubre de 2025.- El arqueólogo del Centro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) en el estado, Cuauhtémoc Reyes Álvarez dijo que esta entidad ha sido históricamente relegada del reconocimiento nacional, a pesar de su enorme importancia en la conformación de México desde tiempos prehispánicos hasta las gestas de la Independencia y la Revolución.
“Guerrero ha sido poco a poco relegado de una buena parte de la historia de México desde tiempos inmemoriales, a pesar de su enorme importancia”, expresó en entrevista telefónica.
Subrayó que conocer la historia de los pueblos originarios y su desarrollo cultural es esencial para entender la identidad y el carácter del guerrerense contemporáneo.
El especialista señaló que el reconocimiento de Guerrero no sólo debe basarse en su papel político o militar, sino también en su herencia arqueológica y cultural. Mencionó como ejemplo la máscara de Malinaltepec, una pieza emblemática del Museo Nacional de Antropología, adornada con mosaicos de turquesa, que forma parte del acervo central del país y es originaria del territorio guerrerense.

Reyes Álvarez indicó que comprender el pasado es indispensable para entender el presente, las herencias culturales y los procesos de sincretismo que dieron forma a la sociedad actual. “El hecho de poner énfasis en conocer las características culturales de cualquier área del estado es muy importante para saber qué pasó y, sobre todo, por qué somos como somos”, afirmó.
Quadratín Guerrero informó sobre el descubrimiento de un sitio arqueológico en Xochistlahuaca y el registro de otro en Tlacoachistlahuaca.
Entrevistado respecto a la incorporación de nuevos sitios al mapa arqueológico nacional, Reyes Álvarez explicó que los recientes hallazgos permiten comprender mejor la presencia prehispánica en la región Costa Chica y su continuidad en las comunidades actuales.
La base mesoamericana que une a los pueblos
El arqueólogo explicó que los pueblos mesoamericanos compartían una base cultural común, visible en sus rituales, conocimientos agrícolas y simbolismo, misma que se mantiene viva en muchas prácticas de pueblos de Guerrero.
Entre los elementos compartidos mencionó el uso del calendario solar de 365 días y el ritual de 260, la siembra de maíz, frijol, calabaza y chile, el uso de la coa, la construcción de templos piramidales, la elaboración de códices y los rituales de sacrificio.
Esas expresiones, dijo, formaban parte de una red de conocimiento y espiritualidad que unía a las civilizaciones desde el Altiplano hasta el sureste del país.
Con la llegada de la población afrodescendiente durante el periodo colonial, esa estructura cultural se transformó y dio paso a un sincretismo que unió elementos indígenas, africanos y europeos.
Esa mezcla, explicó, definió las expresiones religiosas, festivas y musicales que distinguen hoy a la Costa Chica y al estado como un crisol cultural único en México.
Uno de los resultados de esa fusión se refleja en la diversidad de símbolos y prácticas comunitarias, donde la fe, la agricultura y la memoria ancestral conviven y se reinterpretan en los pueblos actuales.
Sangre por lluvia en Zitlala
Como ejemplo de la permanencia de las tradiciones rituales, el arqueólogo se refirió a la pelea de tigres de Zitlala, que se lleva a cabo en la región Centro de Guerrero cada mayo, durante las festividades de la Santa Cruz, para pedir lluvias y buenas cosechas.
De acuerdo con el especialista, la ceremonia tiene raíces míticas que la relacionan con antiguos rituales agrícolas.
En la tradición oral, dos hombres que simbolizan a los jaguares se enfrentan para recordar una antigua sequía y, del combate surge la sangre que alimenta la tierra y atrae la lluvia.
Reyes Álvarez señaló que esta práctica ancestral es un ejemplo claro de la profundidad simbólica de las culturas mesoamericanas, y de cómo los pueblos de Guerrero han conservado esas expresiones en la actualidad.
Citó al investigador Alfredo López Austin, quien explicó que en las tradiciones existen dos niveles: el núcleo duro, que da sentido al rito, y el núcleo blando, que se adapta con el tiempo.
“En Zitlala, antes el danzante debía ir como jaguar, con máscaras destinadas a provocar temor; hoy las máscaras son de muchos colores, con escudos de equipos de fútbol y adornos. Eso es el núcleo blando. Lo central es entender el núcleo duro, la razón de ser del ritual”, puntualizó.
Participación comunitaria y custodia
En relación con la incorporación de nuevos sitios arqueológicos al mapa nacional, el investigador explicó que en Guerrero se han identificado más de tres mil 500 lugares registrados, aunque persisten amplias zonas sin explorar, sobre todo en la Sierra.
Aclaró que los espacios vacíos en los mapas no significan que no haya historia, sino que no se ha recorrido.
Cada sitio arqueológico, explicó, requiere un proceso técnico y social que asegure su conservación y la participación de las comunidades.
“Es fundamental que las comunidades sean aliadas en la protección del patrimonio. No podemos abrir un sitio sin estudios ni sin su participación”, expresó.
El arqueólogo precisó que el INAH no expropia terrenos, aunque sí existen disposiciones legales para sancionar el tráfico y traslado de piezas arqueológicas.
Explicó que si un habitante posee objetos de valor histórico, puede registrarlos de forma gratuita con el Instituto, sin trasladarlos, ya que el transporte no autorizado constituye un delito.
En esos casos, los propietarios pueden acreditarse como custodios legales y colaborar con la institución.
La relación con las comunidades, aseguró, ha sido en general positiva porque las autoridades locales y municipales suelen colaborar durante las inspecciones y estudios.
Reyes Álvarez concluyó que el rescate de la historia de Guerrero no es sólo una labor científica, sino una forma de comprender la construcción social y cultural del estado.
Conocer el pasado, insistió, es comprender el presente y fortalecer la identidad de un pueblo que, a pesar de haber sido relegado, ha forjado buena parte de la historia de México.




