ERA inaugura el Sendero Extraordinario “Pañuelo Rojo” en el Cañón del Sumidero
TAPACHULA, Chis., 8 de marzo 2026.- Con voz entrecortada y el cuerpo tembloroso, jóvenes adolescentes y mujeres adultas con valor y dignidad denuncian abusos sexuales y violencia que sufrieron por parte de familiares y parejas en alguna etapa de sus vidas, pero por miedo y vergüenza callaron.

“Fui abusada sexualmente por mi tío, pero hoy se retuerce en el infierno, estoy segura pagando lo que me hizo”, alza la voz una joven apoyada por el resto de mujeres que hoy marcharon para exigir justicia y que se termine la violencia.

A las 10 de la mañana, el contingente de unas 300 mujeres, algunas con sus hijos en brazos y menores de edad; iniciaron la caminata del Centro de Desarrollo Comunitario (CEDECO) Estación Ferroviaria portando mantas y cartulinas, donde denunciaron abusos y exigieron justica.

“Ya no quiero tener miedo”, “calladita no me veo más bonita”, “las niñas también estamos luchando”, “nos sembraron miedo, nos crecieron alas”, “todas las mujeres, todas las lucha, todos los derechos”, “migrar y ser trans no me quita el derecho a trabajar”, “derechos, justicia y acción por y para todas las mujeres, niñas y adolescente”, son algunas de las pancartas que portaban las manifestante.

Por más de una hora, mujeres, jóvenes adolescentes, niñas y bebés que acompañaban a sus madres y abuelas; caminaron bajo las inclemencias del sol con temperaturas de más de 40 grados coreando consignas.

¡”No somos todas, nos faltan las muertas”!, ¡”Vivas se las llevaron, vivas las queremos”!, ¡”Mujer escucha, esta es tu lucha”!, ¡”Mujer migrante, también es importante”!, ¡”Mujer hermana, si te pega no te ama”!, son algunas de las consignas que coreaban para exigir cese a la violencia, igualdad y justicia.

Al llegar a la explanada exterior de la presidencia municipal de esta localidad ubicada a unos 17 kilómetros de la frontera con Guatemala, las feministas hicieron el pronunciamiento del 8M donde Rosmeri, una mujer migrante proveniente de El Salvador, expresó que hoy tomaron las calles no para celebrar, sino para exigir justicia, memoria y dignidad.

“Alzamos la voz de manera colectiva para nombrar y denunciar las violencias que atraviesan la vida de mujeres en nuestros territorios. Violencia que se vive en los hogares, las escuelas, las calles, los centros de trabajo, las comunidades y las instituciones”.

Abundó que las violencias se intensifican en contextos marcados por la desigualdad, el racismo estructural, la pobreza, migración y la falta de acceso a derechos.

Rosmeri también visibilizó las múltiples formas de exclusión y vulneración que enfrentan las mujeres indígenas, las infancias, las gestantes, mujeres trans y quienes viven situaciones de movilidad humana, las cuales no pueden seguir siendo ignoradas.

Las protestantes también externaron su apoyo a las madres buscadoras, que han transformado el dolor en lucha, que han hecho del amor una herramienta de resistencia, que recorren campos, carreteras y fosas con sus propias manos ante la indiferencia del estado.

De igual forma se solidarizaron con las mujeres migrantes que cruzan fronteras enfrentando violencia, racismo y explotación.

Con las mujeres afrodescendientes, las que enfrentan discapacidad, las indígenas, trabajadoras del hogar y por las niñas abusadas a quienes el estado les ha fallado una y otra vez.

“Exigimos escuelas seguras, hogares seguros y comunidades que protejas su infancia, no que las silencien.

Posteriormente, jóvenes adolescentes y mujeres tomaron el micrófono con valentía y dignidad para denunciar los abusos sexuales y violencia que sufrieron por parte de familiares y maestros, despojándose del miedo, vergüenza y culpabilidad.





