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El Congreso del Estado de Chiapas dio un paso decisivo en la lucha contra los delitos sexuales al aprobar reformas a los artículos 241, 242 y 243 del Código Penal estatal. La modificación del marco jurídico, respaldada de forma mayoritaria por las y los legisladores, busca no solo elevar las penas por abuso sexual, sino también garantizar procesos de reparación del daño integrales y alineados con estándares de derechos humanos.
Durante la sesión ordinaria, la diputada Elvira Catalina Aguiar Álvarez subrayó la urgencia de actualizar la legislación frente a una problemática que afecta principalmente a mujeres, niñas, niños y personas en situación de vulnerabilidad. “La violencia sexual es una de las expresiones más graves de violación a los derechos fundamentales”, afirmó, al insistir en la necesidad de sanciones ejemplares y coherentes con la gravedad del delito.
En un estado tan diverso como Chiapas, marcado por desigualdades profundas y un tejido social complejo, la violencia sexual ha ocupado un lugar cada vez más visible en la agenda pública. Organizaciones civiles y colectivos feministas han exigido durante años un marco legal más preciso, libre de vacíos interpretativos y capaz de evitar prácticas revictimizantes. Su demanda encontró eco en el Pleno legislativo, presidido por la diputada Alejandra Gómez Mendoza, que aprobó formalmente la actualización normativa.
Uno de los cambios centrales se encuentra en el artículo 241, que ahora ofrece una definición más exhaustiva del delito de abuso sexual. La reforma establece que incurre en esta conducta quien realice actos de naturaleza sexual sin consentimiento, sin intención de llegar a la cópula, tanto en espacios públicos como privados. También se sanciona a quien obligue a la víctima a observar o ejecutar dichos actos, ya sea en favor de un tercero o del propio agresor.
Un elemento clave es el reconocimiento de la obligación de exhibir el cuerpo como una forma de abuso sexual, cerrando brechas legales que antes podían generar incertidumbre.
La reforma también aclara que el consentimiento no puede inferirse del silencio, la pasividad o la falta de resistencia física, un punto celebrado por especialistas que desde hace años denuncian la aplicación de criterios revictimizantes en procesos judiciales.
Entre las circunstancias agravantes se incluyen casos en los que la víctima es menor de 18 años o carece de capacidad para comprender el acto, aun cuando parezca otorgar consentimiento.
El artículo 242 endurece de manera significativa las sanciones: la pena de prisión será de 10 a 15 años, acompañada de multas de entre 300 y 500 UMAs. Además, la persona agresora deberá asistir a talleres de reeducación con perspectiva de género, realizar servicio social o colaborar con instituciones públicas de beneficencia. El delito pasa a ser perseguido de oficio, evitando que la carga de iniciar el proceso recaiga en la víctima.
Por su parte, el artículo 243 amplía las agravantes, con incrementos de hasta la mitad de la pena cuando exista violencia física o psicológica, participación de varias personas, abuso de poder o confianza, o cuando el agresor sea servidor público, profesionista o ministro de culto.
También se consideran agravantes situaciones de vulnerabilidad como embarazo, puerperio, alteración de la voluntad por sustancias o agresiones motivadas por orientación sexual o identidad de género.
Un aspecto destacado de las reformas es la obligatoriedad de la reparación integral del daño, alineada con la Ley General de Víctimas y la Ley estatal. Esto implica no solo medidas económicas, sino también acompañamiento psicológico y acciones que garanticen el restablecimiento emocional, físico y social de la víctima.
Diversos sectores sociales han recibido positivamente el nuevo marco legal. Especialistas en derecho penal consideran que ofrece mayor precisión y reduce riesgos de impunidad, mientras que organizaciones de acompañamiento a víctimas celebran la combinación de sanciones más elevadas con medidas de reeducación que buscan la no repetición.
El Congreso de Chiapas envía así un mensaje contundente: la violencia sexual no será tolerada. Para legisladores y activistas, estas reformas representan un avance significativo, aunque subrayan que deberán implementarse junto con políticas públicas integrales y capacitación a operadores de justicia para garantizar un cambio real.