Candidaturas independientes siguen vivas: Movimiento del Sombrero
MORELIA, Mich., 11 de febrero de 2026.- En Ni venganza ni perdón, el libro de memorias políticas de Julio Scherer Ibarra, el poder federal se narra desde Palacio Nacional, pero entre sus páginas asoman tres nombres que remiten inevitablemente a Michoacán: Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, Lázaro Cárdenas Batel y Felipe Calderón Hinojosa.
No son protagonistas centrales del conflicto que el exconsejero Jurídico describe con Andrés Manuel López Obrador, pero sí referencias obligadas cuando se reconstruye la historia política reciente de México. Cuauhtémoc Cárdenas aparece como figura fundacional de la izquierda moderna. Scherer lo menciona en el contexto de la transición democrática y el parteaguas que significó 1988.
Para Michoacán, el ingeniero no es solo un referente nacional: es hijo del general Lázaro Cárdenas del Río, símbolo del cardenismo social que marcó la identidad política del estado y de la República. Su presencia en el libro recuerda que la ruta que llevó a López Obrador al poder tuvo estaciones previas en las que Cárdenas fue faro y ruptura. También figura Lázaro Cárdenas Batel, exgobernador de Michoacán y exjefe de asesores de la Presidencia.
Su nombre surge en la narrativa como parte del entramado político que acompañó al obradorismo en distintas etapas. Para Michoacán, Cárdenas Batel representa la continuidad de una estirpe política con peso histórico, pero también una generación que buscó dialogar con el nuevo proyecto de Nación. En el contexto del libro, su mención conecta la herencia cardenista con las dinámicas del poder actual.
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