Itinerario político
RESULTA QUE CALDERÓN
SIEMPRE TUVO LA RAZÓN
RICARDO ALEMÁN
Pareciere de risa loca.
Y es que, durante años, el “obradorismo” satanizó en todos los
tonos la lucha emprenda por el entonces presidente, Felipe Calderón,
contra las bandas criminales en todo el país.
Era algo así como la horrible guerra de Calderón quien --según toda
la claque de Morena--, había cometido el error de “pegarle al avispero”.
Sin embargo, hoy y frente a los hechos, resulta que Calderón
siempre tuvo la razón en su lucha contra los cárteles criminales.
Peor aún, pasamos de “la guerra de Calderón” a “la guerra de
Claudia”.
Es decir, que al arranque del segundo año de la gestión de “la
señora presidenta”, se acabaron los abrazos y regresaron los balazos.
Y, por tanto, los jefes mafiosos ya no son aquellos seres humanos no
sólo respetables sino intocables, a quienes defendía a capa y espada el
dueño del partido oficial, Morena.
Pero también los hechos han demostrado que la de Claudia es “una
guerra” muy distinta y distante a la de Calderón.
Y es que “la guerra de Claudia” sigue las ordenes de Washington y no va
por justicia, sino que busca silenciar para siempre sus aliados criminales
Es decir, todo apunta a que los líderes del “cártel de las cuatro letras”
habrían sido “aniquilados en caliente” y “silenciados de manera
conveniente” para impedir toda posibilidad de que hablaran sobre sus
alianzas políticas.
Alianzas que involucran no solo a López Obrador, sino a la propia “señora
presidenta”, a no pocos gobernadores del país --y el ejemplo son las 20
entidades en donde se desató el terror el pasado domingo--, legisladores,
alcaldes y políticos de Morena, en general.
Por eso resulta poco o nada creíble la versión de que “El Mencho” se les
murió cuando era trasladado a un hospital, luego de resultar herido en el
choque entre militares y sicarios.
Lo cierto es que los más interesados en el silencio del jefe del “cartel de
las cuatro letras” eran precisamente sus aliados políticos, toda la clase
política y los gobernantes del partido Morena.
Y es que --igual que ocurrió con el Cártel de Sinaloa--, el Cártel Jalisco
Nueva Generación escaló todos los peldaños del poder político y
económico, sea mediante el financiamiento de campañas políticas a
cargos de elección popular, o de acuerdos económicos con empresarios de
todos los niveles.
Por eso no resulta exagerado decir que a no pocos alcaldes, legisladores
locales, gobernadores, empresarios y hasta a los dos presidentes que
llegaron a Palacio bajo las siglas de Morena, les volvió el alma al cuerpo al
enterarse de que “El Mencho” ya no podría delatar a nadie.
Y también por eso obliga preguntar: ¿Cuántos políticos deben sus cargos y
sus fortunas a sus aliados criminales? ¿Cuántos empresarios deben sus
negocios de éxito a las alianzas con cárteles como el de Jalisco?
Posiblemente nunca sabremos la respuesta a las anteriores interrogantes,
una vez que fue eliminado el jefe del Cártel Jalisco.
Lo que, sin embargo, si sabemos, es el poder que tienen los grupos
criminales para regenerar los tejidos que los hacen operativos.
Dicho de otro modo, seguramente hoy ya está dando órdenes el nuevo
jefe del CJNG y hasta es posible que lideres mafiosos regionales hayan
decidido crear sus propios centros de poder.
Por eso es una ingenuidad pregonar que hay paz y gobernabilidad, como
presumió Claudia Sheinbaum el día de ayer. No, “la guerra apenas
empieza” y el terror seguirá presente en cada esquina del territorio
mexicano; terror que se alimenta de la ingobernabilidad endémica en los
gobiernos de Morena
Y suponer que “se acabará la rabia matando al perro”, no es más que un
soberano despropósito; una estupidez propia de los políticos de Morena.
Lo cierto es que, en un Estado democrático y responsable, “la guerra”
contra los grupos criminales debe ser permanente, apoyada en las
instituciones del Estado, con la tecnología más avanzada y sin complicidad
e impunidad.
De lo contrario, seguirán apareciendo “chapos” y “menchos” por todo el
país y la espiral de violencia e ingobernabilidad será un ciclo interminable.
Sí, Calderón tenía razón, pésele a quien le pese.




