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PUEBLA, Pue., 28 de noviembre de 2025.- En los pasillos silenciosos del Penal de San Pedro Cholula, donde cada día se libra una batalla por la esperanza, camina un hombre cuya historia no se entiende sin esfuerzo, disciplina y un profundo compromiso con la reinserción social: Irving Prado Triana.
Originario del Estado de Veracruz y vecino adoptivo de Puebla, Prado Triana ha construido una trayectoria que no nació en la comodidad, sino en la constancia diaria y en la firme decisión de transformar vidas desde uno de los frentes más complejos del servicio público. Licenciado en Derecho por la Universidad del Golfo de México, generación 1996-2000, inició en 2003 su vida laboral como Jefe de Operación Comisionado en una plaza de cobro veracruzana.
Era apenas el primer peldaño de una escalera larga y que pocos se atreven a subir, pero él avanzó. Cinco años después, en 2008, Prado Triana ingresó al Sistema Penitenciario del Estado de Veracruz, donde comenzó una ardua misión: acompañar procesos humanos marcados por el dolor, la ruptura y, en muchos casos, la posibilidad de empezar de nuevo.
Fue abogado y director en los Centros Penitenciarios de Zongolica, Jalacingo, Pacho Viejo, Ozuluama, Misantla y Pánuco. En cada uno, dejó una marca discreta, pero profunda: orden, cercanía, disciplina y la convicción de que la reinserción no es sólo un concepto jurídico, sino un acto humano.En 2018, el destino trajo a Prado Triana a Puebla.
Su experiencia lo condujo a diversos cargos dentro de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) Estatal, entre ellos la Dirección de la Policía Turística y posteriormente la Dirección del Centro de Reinserción Social de San Pedro Cholula, responsabilidad que hoy ejerce con un sello que lo distingue: humanidad y firmeza con sensibilidad.
A su llegada en julio de 2025, inició una serie de acciones que, aunque sencillas en apariencia, han significado un cambio crucial para quienes viven la privación de la libertad y para sus familias. Entre ellas, destaca una que toca lo más profundo de cualquier persona: la proyección de películas para hijos de internos e internas, un espacio diseñado para fortalecer vínculos, recuperar miradas, permitir abrazos, y demostrar que la reinserción también nace en los gestos más íntimos.
Es una ventana al mundo exterior y, a la vez, un recordatorio de que la familia puede ser un puente hacia la reconstrucción personal. Ese programa no sólo atiende a las personas privadas de la libertad; también protege los derechos de niñas, niños y adolescentes que, sin haber cometido delito alguno, cargan con la ausencia y el estigma.
Bajo la dirección de Irving Prado Triana, el Penal no es únicamente un espacio de disciplina, sino también de segundas oportunidades.Hoy, desde el corazón del penal de San Pedro Cholula, su trabajo refleja algo más que una carrera ascendente. Refleja un propósito, un compromiso silencioso, persistente y profundamente humano: creer que cada persona merece la posibilidad de volver a levantarse.
Esa convicción, que lo ha acompañado desde Veracruz hasta Puebla, es la que lo sostiene en el lugar que ocupa hoy. Ahí donde se requiere fortaleza, pero también corazón. Ahí donde no todos llegan y donde él decidió quedarse.