Bloquean choferes garita de Mexicali en protesta por retiro de visas
TUXTLA GUTIÉRREZ, Chis., 3 de septiembre 2026.– Desde hace aproximadamente un año, la rectora de la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH), Fanny López Jiménez, ha enfrentado una campaña constante de señalamientos y ataques en espacios digitales. Desde distintos sectores universitarios se ha advertido que parte de estas expresiones han trascendido la crítica legítima a su gestión para adquirir componentes de violencia dirigidos contra su persona y agravados por su condición de mujer.
Particularmente preocupantes resultan los señalamientos sobre la posible participación de funcionarios masculinos con aspiraciones políticas en la promoción o difusión de esta campaña. De comprobarse estas acusaciones, no se estaría únicamente frente a una disputa administrativa o mediática, sino ante prácticas que deben ser investigadas bajo una perspectiva de género y mediante los mecanismos institucionales correspondientes. La crítica al ejercicio público es necesaria; la violencia, el hostigamiento y los ataques personales no pueden confundirse con ella.
Pese a este escenario, la actual administración universitaria ha optado por responder mediante resultados materiales: recuperación y mejoramiento de infraestructura, equipamiento de espacios académicos, fortalecimiento de laboratorios y gestión de recursos para atender necesidades de la comunidad universitaria. Detenerse exclusivamente en la confrontación mediática no ha sido la ruta de una administración que ha colocado en su discurso los principios del humanismo que también se construyen y discuten dentro de las aulas y espacios académicos de la propia universidad.
La normalización de ataques de esta naturaleza tiene consecuencias que trascienden a una rectora o funcionaria pública. Cuando el ejercicio de autoridad de una mujer deriva sistemáticamente en expresiones basadas en su género, se vulnera también la participación femenina en los espacios de decisión y se transmite el mensaje y daño psíquico a otras mujeres de que ocupar puestos de responsabilidad puede convertirlas en objetivo de intimidación, descrédito o violencia digital.
La diferencia entre administraciones debe juzgarse, finalmente, mediante resultados verificables. Frente a periodos anteriores cuestionados por rezagos y por la falta de resultados visibles en distintas áreas, la actual Rectoría tiene la responsabilidad de demostrar con hechos que la universidad y su comunidad constituyen el centro de su gestión.
¿Hasta dónde el periodismo puede dejar de ser el ejercicio de la libertad de expresión para convertirse en un arma mediática financiada por aspiraciones políticas?




