Deja tormenta 115 postes caídos y colonias sin luz en Mexicali
Teóforo, portador de Dios
Domingo Mundial de las Misiones
+Mons. Enrique Díaz
Obispo Auxiliar
Diócesis de San Cristóbal de Las Casas
Zacarías 8, 20-23: Vendrán pueblos numerosos a buscar al Señor en Jerusalén
Salmo 66: Que todos los pueblos conozcan tu bondad
Romanos 10, 9-18: La fe viene de la predicación y la predicación consiste en anunciar la palabra de Cristo
San Marcos 16, 15-20: Prediquen el Evangelio a todas las creaturas
En este Domingo Mundial de las Misiones se vienen a mi mente las imágenes provocativas del Papa Francisco en la Jornada Mundial de la Juventud, con su nueva forma de exigir que se viva el Evangelio, pronunciando uno de los discursos más militantes y contundentes que se han escuchado hasta la fecha y que se grabó con fuego en el corazón de aquella juventud inquieta, ansiosa y entusiasta: Espero lío. Que acá dentro va a haber lío, va a haber; que acá en Río, va a haber lío va a haber; pero quiero lío en las diócesis, quiero que se salga afuera, quiero que la Iglesia salga a la calle, quiero que nos defendamos de todo lo que sea mundanidad, de lo que sea instalación, de lo que sea comodidad, de lo que sea clericalismo, de lo que sea estar encerrados en nosotros mismos. Los jóvenes tienen que salir, tienen que hacerse valer, los jóvenes tienen que salir a luchar por los valores, a luchar por esos valores, y los viejos abran la boca, los ancianos abran la boca y enséñennos, transmítannos la sabiduría de los pueblos. La fe en Jesucristo no es broma, es algo muy serio. Es un escándalo que Dios haya venido a hacerse uno de nosotros, es un escándalo, y que haya muerto en la cruz. Por favor, ¡no licúen la fe en Jesucristo!, hay licuado de naranja, hay licuado de manzana, hay licuado de banana pero, por favor, ¡no tomen licuado de fe! ¡La fe es entera, no se licúa, es la fe en Jesús!, es la fe en el hijo de Dios hecho hombre que me amó y murió por mí.
Tan explosivas sonaron las palabras del Papa que muchos piensan como una nueva cruzada, pero las palabras de Jesús pronunciadas ante sus apóstoles son mucho más explosivas, mucho más comprometedoras y mucho más exigentes. Ya imagino a los perplejos apóstoles asombrados ante el mandato de Jesús: Vayan por todo el mundo y prediquen el Evangelio a toda creatura. Se mirarían unos a otros, se descubrirían débiles, asustadizos y pequeños, podrían poner mil pretextos pero tomaron en serio las palabras de Jesús. Hay quien ahora quisiera reducir la fe y el Evangelio a una especie de cómoda intimidad para no molestar la conciencia de los otros, pero también para no asumir responsabilidades. Muchas veces se percibe que la obra de evangelización encuentra obstáculos no sólo fuera, sino dentro de la comunidad eclesial. A veces el fervor, la alegría, el coraje, la esperanza en anunciar a todos el mensaje de Cristo y ayudar a la gente de nuestro tiempo a encontrarlo son muy débiles y estamos como llenos de apatía y de flojera. Otros se escudan en que llevar a los demás la verdad del Evangelio sería violentar la libertad. Pero no se trata de un proselitismo agresivo, ni tampoco de una conquista de nuevos miembros para nuestra religión. Se trata de gritar a todo pulmón lo que Cristo hizo y sigue haciendo por cada uno de nosotros, se trata de dejar salir del corazón la narración del encuentro enamorado que hemos tenido con nuestro Salvador, se trata de ofrecer salvación y vida para todos los hombres y mujeres que ama Jesús.
La forma práctica que ofrece Jesús hoy tiene toda su validez: suscitar la fe no tanto por nuestras palabras sino por nuestras obras. Quienes contemplan nuestras acciones no tendrán más remedio que preguntarse por qué actúan así estos cristianos. Cristo afirma que el testimonio está respaldado por las obras: arrojarán demonios, hablarán lenguas nuevas, impondrán las manos a los enfermos y éstos quedarán sanos. Miremos a nuestro alrededor y descubriremos cómo es urgente dar Buenas Nuevas. La civilización ha llegado a extremos impensables ofreciendo una salvación mentirosa, dando culto al dinero y al poder, violentando y denigrando la dignidad de las personas. Es urgente proponer la Buena Nueva, con todo respeto, como la mejor opción encontrada por nosotros, como el mejor camino anunciado por Jesús. Siempre debemos tener el valor y la alegría de proponer el encuentro con Cristo, de hacernos heraldos de su Evangelio, Jesús ha venido entre nosotros para mostrarnos el camino de la salvación, y nos ha confiado la misión de darlo a conocer a todos, hasta los confines de la tierra. Hay quienes miran el mundo marcado con negras sombras de dudas, de injusticia y de dolor y se convierten, simplemente, en agoreros de desgracias. El discípulo de Jesús descubre la urgencia de llevar con valentía a todas las realidades el Evangelio de Cristo, que es anuncio de esperanza, reconciliación, comunión; anuncio de la cercanía de Dios, de su misericordia, de su salvación; anuncio de que el poder del amor de Dios es capaz de vencer las tinieblas del mal y conducir hacia el camino del bien. El hombre de nuestro tiempo necesita una luz fuerte que ilumine su camino y que sólo el encuentro con Cristo puede darle. Convirtámonos, como decía San Ignacio de Antioquía, en Teóforos, portadores de Dios, portadores de luz y de esperanza.
Las nuevas lenguas que necesita este mundo intercomunicado hasta la saciedad, no es un nuevo esperanto sino el idioma del amor, del servicio, de la acogida y de la solidaridad. Todo mundo es capaz de captar la mano que se ofrece en el dolor, la sonrisa que abre la puerta y el corazón, el pan partido que se comparte en la dolorosa herida del hambre, la mirada cómplice de un nuevo mundo. No tenemos que hacer mucho, sólo mirar en nuestro corazón, descubrir cuánto nos ama Dios a través de su Hijo Jesús, y después ir a proclamar lo que el Señor ha hecho por nosotros. Ir sobre todo a las fronteras, a los rincones, a las periferias. ¿Alguien se ha enamorado de Dios por tu testimonio y por tus obras? ¡Entonces eres misionero! ¡Entonces eres Teóforo, portador de Dios!
Señor Dios, Padre Bueno, que en el exceso de tu amor has enviado a tu Hijo Jesucristo a hacernos participes de tu salvación, concédenos experimentar de tal modo tu amor, que hagamos de nuestra palabra y de nuestra vida un testimonio de amor. Amén.
ADJUNTO TRADUCCIÓN EN TSELTAL.




