Atacan departamentos en Montebello, en Culiacán
Por Argenis Esquipulas
TUXTLA GUTIÉRREZ Chis., 25 de febrero 2026— En un contexto de tensión latente y añejos conflictos territoriales, más de 300 habitantes de Tzajalchén y comunidades aledañas transformaron ayer martes la cancha de basquetbol del poblado en un altar de unidad interreligiosa. A través de una jornada ecuménica, feligreses de distintas doctrinas alzaron una plegaria colectiva para exigir el cese de la violencia que durante años ha sembrado el miedo en la región.
Desde las 10 de la mañana y hasta la 1 de la tarde, el recinto deportivo fue epicentro de un llamado a la paz que congregó a católicos, presbiterianos, pentecostales y miembros de otras denominaciones evangélicas. Hombres, mujeres y niños participaron en lo que describieron como una "acción de gracias", un acto simbólico que buscó contrarrestar con fe el clima de inestabilidad generado por grupos armados que operan en la zona.
“La población se unió para orar y frenar la violencia”, señalaron los organizadores, quienes recordaron que en esta área montañosa de Los Altos de Chiapas, células delictivas han intentado cooptar territorios y desestabilizar a las comunidades durante más de una década.
La jornada no solo fue un acto de fe, sino también un posicionamiento político-social por parte de las autoridades locales. En un comunicado emitido durante el evento, representantes de Tzajalchén —cuna de la Sociedad Civil Las Abejas, fundada en 1992— hicieron un llamado a la resistencia pacífica. Advirtieron que, aunque la comunidad ha sido históricamente un "campamento civil por la paz" desde 1994, este estandarte se ha visto amenazado recientemente.
“Hemos padecido acontecimientos que buscaron fracturar nuestra armonía, pero perseveramos en nuestra misión. Sin embargo, desafortunadamente algunos pretenden convertirnos en un campo de batalla”, cita el documento, en clara referencia a la circulación de armas dentro del campamento.
El texto alude directamente a un hecho violento ocurrido el 9 de noviembre de 2025, cuando se registró un enfrentamiento entre agentes de la Guardia Nacional y personas desconocidas en las inmediaciones de la comunidad. Ese episodio, señalaron, es el parteaguas que los obliga a redoblar sus esfuerzos por mantener la unidad.
Tras las oraciones, la jornada concluyó con un convivio entre los asistentes, sellando con hermandad un mensaje dirigido tanto a los grupos armados como a las autoridades: en Tzajalchén, la paz no se negocia, se defiende de rodillas, pero en comunidad.




