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TUXTLA GUTIÉRREZ, Chis. 20 de marzo 2026.— A más de 30 días de haber sido despojada de su hijo, Brenda Karan Robles Nuricumbo, de 22 años, continúa en la incertidumbre, enfrentando no solo la desaparición de su bebé, sino también la inacción de las autoridades en un caso que exhibe la gravedad de la violencia vicaria en Chiapas.
La noche del 17 de febrero de 2026 marcó un punto de quiebre en su vida. Mientras transitaba con su hijo de un año por la colonia Villa San Marcos, una camioneta interceptó su camino.
Según su testimonio, su exsuegra descendió del vehículo y le arrebató al menor. Posteriormente, la joven fue retenida contra su voluntad y trasladada a un centro de rehabilitación clandestino, donde permaneció incomunicada durante una semana.
Tras su liberación, Brenda inició la búsqueda de su hijo, Christian Daniel, y presentó denuncias ante las instancias correspondientes. Sin embargo, asegura que no ha recibido avances ni información clara sobre el paradero del menor. “Solo me dicen que espere, pero no hay resultados”, denuncia.
El caso se enmarca en la violencia vicaria, una forma de agresión en la que los hijos son utilizados como medio para causar daño a la madre. Aunque esta conducta ya está contemplada como delito en Chiapas desde 2024, la falta de implementación efectiva de la ley ha dejado en desprotección a víctimas como Brenda.
Además del daño emocional a la madre, especialistas advierten que esta violencia impacta directamente en los menores, quienes son separados de su entorno y privados de su vínculo afectivo principal, con consecuencias graves en su desarrollo.
Pese a que Brenda afirma contar con pruebas de su idoneidad como madre y antecedentes de violencia por parte de su expareja, las acciones institucionales han sido limitadas. Un cateo realizado en un domicilio vinculado al caso no logró ubicar al menor, y desde entonces no se reportan avances.
Este caso refleja la distancia entre la legislación y su aplicación. Aunque existen herramientas legales para sancionar la violencia vicaria, la falta de respuesta oportuna y la burocracia continúan obstaculizando el acceso a la justicia.
Mientras tanto, Brenda mantiene la búsqueda de su hijo con la esperanza de obtener respuestas. Su historia visibiliza una problemática que, pese a estar reconocida, aún enfrenta grandes retos para ser atendida de manera efectiva.




