ERA inaugura el Sendero Extraordinario “Pañuelo Rojo” en el Cañón del Sumidero
TUXTLA GUTIÉRREZ, Chis., 7 de julio 2026.-El costo de la vida de la población en Chiapas ha alcanzado niveles críticos. A pesar del aumento al salario mínimo en 2026, fijado en 315 pesos diarios, miles de familias en Chiapas enfrentan una realidad cada vez más apremiante: el ingreso semanal no basta para adquirir los alimentos indispensables.
Ante esta situación, los bancos de alimentos se han erigido como el último recurso para miles de hogares. A estas instituciones no solo llegan personas en pobreza extrema, sino también adultos mayores, pacientes con enfermedades crónicas o raras, y personas con discapacidad, quienes destinan gran parte de sus ingresos a gastos médicos.
Doña Paty, vecina de la colonia Francisco I. Madero, acude cada quince días a recibir una despensa subsidiada. “Es un gran ahorro comparado con lo que uno gasta en el súper; trae arroz, jabón, verduras, aunque siempre varía”, relató. Su testimonio refleja el contraste entre el costo de los productos en el mercado libre y el precio accesible que ofrecen estas redes de apoyo.
Organizaciones civiles advierten que, pese al ajuste salarial, el alza en granos básicos, verduras y artículos de higiene anula cualquier mejora en el poder adquisitivo de los sectores vulnerables. Señalan que, sin políticas de subsidio focalizado, programas emergentes y un control más riguroso en la distribución de alimentos, el acceso a la canasta básica seguirá siendo un privilegio para quienes viven al día.
La crisis alimentaria en Chiapas no solo es económica, sino también humanitaria. Mientras el Estado no logre contener la inflación y garantizar el abasto, los bancos de alimentos y la sociedad civil continuarán siendo el principal sostén de miles de familias que luchan por no caer en la desnutrición.