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La piñata estalló y junto con ella, los gritos de júbilo de decenas de niños migrantes que en forma desesperada luchaban unos con otros, para tomar los dulces que le arrebataron a palos a un indefenso hombre araña que colgaba de un frondoso árbol de mamey .

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Desesperados algunos padres de familia que veían que sus hijos eran superados en edad y complexión física, no dudaron y se lanzaron sobre el pavimento para involucrarse en la disputa por los dulces.

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Durante más de seis horas, decenas de niños migrantes rieron, gritaron, brincaron y dieron vuelo a su imaginación, al celebrarles el Día del Niño, en el albergue “Jesús El Buen Pastor” que coordina la premio Nacional de Derechos Humanos, Olga Sánchez Martínez.

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La mayoría de los padres de familia, por algunos instantes se olvidaron del hambre, enfermedad, cansancio, abuso, discriminación y malos tratos que reciben en su trayecto a Estados Unidos.

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La música, el pastel, las piñatas y los dulces transformaron el rostro triste de los niños que hoy se olvidaron del fantasma del hambre.

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El cielo nublado se confabulo con los niños centroamericanos que recordaron canciones del recién fallecido “Cepillín”

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Con singular fuerza, momentos antes, azotaron al unicornio y la estrella que se encontraban cargados de dulces de todos colores y sabores.

En silencio, Olga Sánchez la mujer que durante 31 años ha dedicado todo su esfuerzo para alimentar, hospedar y curar a enfermos y mutilados agradeció a Dios todas las bendiciones que ha derramado en ese centro humanitario

En víspera, Olga Sánchez cruzó el patio del albergue, ataviada de blanco y reunió a los cerca de 400 migrantes que reciben atención en ese centro humanitario, para pedirles su apoyo: “Vamos a construir más camas de madera y techar la segunda planta del edificio, antes de que lleguen las lluvias. Necesito de su solidaridad y mano para recibir a los otros hermanos que pronto vendrán.”

También quiero pedirles, que se porten bien, que no se prostituyan ni droguen. Tienen que ser responsables y trabajar por sus hijos, porque por ellos salieron de sus países…

Y con la sinceridad que la caracteriza dijo: » Hoy solo les podemos dar un poco de frijol, arroz y algunos panes. Yo quisiera darles carne, pero todavía no se puede. No nos alcanza el dinero…»