Iglesia y colectivos alzan la voz ante crisis de desapariciones en Chiapas
CHIAPA DE CORZO, Chis., 9 de diciembre 2025.– Cuatro años después del fatal accidente que cobró la vida de 57 migrantes en la conocida “curva del migrante”, la colonia El Refugio, este martes volvió a convertirse en un espacio de memoria, reclamo y denuncia.


En el mismo punto donde un tráiler que transportaba a más de 160 personas volcó el 09 de diciembre en 2021, familiares, vecinos, activistas y autoridades eclesiásticas se reunieron para recordar a las víctimas y exigir avances en una investigación que continúa marcada por la opacidad.

La misa conmemorativa fue presidida por el arzobispo de Tuxtla Gutiérrez, José Francisco González González, frente al memorial instalado sobre el muro que bordea el tramo carretero Chiapa de Corzo–Tuxtla Gutiérrez. Cruces con los nombres de las víctimas, flores volvieron a convertir el lugar en un recordatorio permanente de una tragedia que, aseguran, pudo evitarse.


Durante su homilía, el arzobispo llamó a reflexionar sobre las causas estructurales de la migración forzada y el papel que las redes criminales desempeñan en la región. “Siguen existiendo quienes lucran con la desesperación de las personas. No podemos actuar con indiferencia”, advirtió González González.

Para los habitantes de El Refugio, muchos de los cuales auxiliaron a los sobrevivientes aquel día, la ceremonia no solo honra a los fallecidos: también es un recordatorio de que la justicia sigue pendiente.

El padre Gilberto Hernández García, asesor de la Pastoral Social de la Arquidiócesis de Tuxtla, lamentó la falta de transparencia en las investigaciones.

“Siempre y constantemente pedimos información a la Fiscalía de Chiapas, pero no hay claridad. Solo dicen que las indagatorias siguen en curso. Son cuatro años y hay pocos avances”, declaró.

Aseguró también que varias familias ya no tienen contacto con autoridades responsables del caso y continúan sin respuestas sobre la identificación de cuerpos ni sobre la responsabilidad de los altos mandos detrás de la red de tráfico de personas.

En 2023, el conductor del tráiler, José Luis “C”, fue vinculado a proceso junto con dos cómplices por homicidio culposo y tráfico de personas. Sin embargo, ningún presunto financiador o dirigente regional de la estructura ha sido presentado ante la justicia mexicana.

En 2024, autoridades de Estados Unidos y Guatemala anunciaron la desarticulación de Los Quinos, la célula criminal que habría coordinado el traslado de los migrantes que murieron en Chiapas. La operación “Relámpago” dejó seis detenidos, entre ellos Tomás “Q”, señalado como líder de la organización, y Josefa “Q”, operadora clave.

Según las investigaciones, el grupo cobraba entre 8,000 y 15,000 dólares por persona y transportaba migrantes en condiciones inhumanas. El tráiler sin ventilación en el que murieron 57 personas es ejemplo de esas prácticas.

Pese a estos arrestos, defensores y familiares consideran que la justicia está lejos de alcanzarse. Aún existen cuerpos sin identificar y sobrevivientes que no han recibido apoyo integral. A esto se suma la falta de investigación contra autoridades mexicanas involucradas.

Un informe de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) documentó negligencia e incluso posible complicidad de servidores públicos que permitieron el tránsito del tráiler sin revisiones, en violación a la Ley de Migración. La comisión señaló que este caso forma parte de un patrón sistémico de corrupción.

Durante la conmemoración, el jesuita Leonel de los Santos León, colaborador de La Casa del Migrante, subrayó que el accidente debe ser recordado dentro de un contexto de desplazamiento forzado que continúa sin atenderse.

“No son turistas, no vienen de vacaciones. Buscan una vida digna, alimento, vivienda, trabajo… y aquí encontraron la muerte”, expresó.

El sacerdote resaltó que, pese a la tragedia, la comunidad local respondió con solidaridad, ayudando a rescatar, consolar y acompañar a las víctimas. Sin embargo, advirtió que el fenómeno migratorio ha cambiado: ahora no solo pasan migrantes, sino que muchos permanecen varados en Chiapas, expuestos a abusos cotidianos.

“Hay quienes ven al migrante como mercancía. Desde el traficante hasta quien renta un cuarto para diez personas o cobra viajes a precios abusivos. Esto también debe indignarnos”, señaló.

La tragedia de Chiapa de Corzo continúa siendo un símbolo de la crisis migratoria en la frontera sur de México, un corredor controlado por redes criminales que lucran con quienes huyen de la pobreza, la violencia y la inestabilidad política en Centroamérica.

Organizaciones humanitarias aprovecharon la conmemoración para insistir en que México y los países de origen deben garantizar rutas seguras, combatir la corrupción y atender las causas estructurales de la migración.

Mientras tanto, el mural, las cruces y los nombres de las 57 víctimas permanecen al pie de la carretera, recordando que, más allá de las cifras, la tragedia migratoria se escribe con vidas truncadas y con deudas que los Estados aún no han saldado.





