Grecia Quiroz: en esta lucha solo hay 3 caminos, muerte, cárcel y éxito
TUXTLA GUTIÉRREZ, Chis., 27 de mayo 2026.-Más de 45 días lleva la Sala Superior del Tribunal Electoral sin resolver el futuro de cuatro organizaciones que buscan convertirse en partidos políticos nacionales. El reloj corre: falta menos de un mes para que venza el plazo legal, y los magistrados no se pronuncian.
El origen del conflicto se remonta al 8 de abril, cuando el INE declaró improcedentes decenas de miles de afiliaciones apócrifas que Morena había duplicado con datos falsos. La decisión del Instituto fue clara: las afiliaciones electrónicas no eran válidas sin los respaldos originales. Pero Morena impugnó tres días después, y desde entonces el asunto permanece congelado.
El proyecto del magistrado Reyes Rodríguez Mondragón, que ratificaba el fallo del INE, fue circulado a principios de mayo. Sin embargo, ha sido retirado de la agenda en repetidas ocasiones, sin que los integrantes de la Sala ofrezcan explicación alguna. La coincidencia es llamativa: el estancamiento ocurre justo cuando el INE notificó que las cuatro organizaciones ya cumplían con los requisitos de ley (más de 257 mil afiliaciones válidas y más de 200 asambleas cada una).
¿A quién favorece esta dilación? Todo apunta a Morena. El partido oficialista enfrenta fracturas internas: disidentes, cuadros políticos que buscan espacio propio y sectores críticos de la Cuarta Transformación. Aunque algunos de los nuevos partidos podrían restar votos a la oposición tradicional (PRI, PAN, PRD), otros tres tienen vínculos directos con el actual régimen.
Construyendo Sociedades de Paz, ligado a las siglas de la presidenta de la República, es liderado por un actor que ya ha hecho coaliciones con Morena. México Tiene Vida ha sido vinculado con Marcelo Ebrard, y Que Siga la Democracia operó en la ratificación de mandato de Andrés Manuel López Obrador. En este escenario, bloquear el registro no daña a la oposición tradicional, sino que cierra puertas a fuerzas que podrían operar dentro del propio universo oficialista.
El silencio de los magistrados y la opacidad del proceso evidencian una presión política hacia el presidente de la Sala Superior, quien en su debilidad buscaría complacer al poder en turno. La pregunta incómoda persiste: si no es posible frenarlos por la vía de la fiscalización —como ocurrió con el partido de Felipe Calderón en 2020—, ¿acaso se busca dejarlos sin asambleas mediante una sentencia que el Tribunal guarda bajo llave?
En menos de 30 días se definirá si México tendrá cuatro nuevos partidos o ninguno. Mientras tanto, la Sala Superior juega al ajedrez institucional, y la ciudadanía espera respuestas.




