Candidaturas independientes siguen vivas: Movimiento del Sombrero
¿POR QUÉ ESTÁ ENOJADA
LA SEÑORA PRESIDENTA?
RICARDO ALEMÁN
Primero lo primero.
Está claro que, de nueva cuenta, desde Palacio domesticaron a
todos o casi todos los llamados “medios nacionales”.
Y es que ninguno de los “diarios nacionales” y menos los noticieros
de radio, televisión y las plataformas digitales, se atrevieron a publicar en
sus portadas y sus resúmenes periodísticos, el enojo de “la señora
presidenta”.
Un enojo que --las redes sociales--, se convirtió en tendencia la
tarde del pasado sábado 31 de enero del 2026, luego que “la presidenta”
recibió una severa reprimenda de ciudadanos de San Quintín, Baja
California, quienes a gritos exhibieron el fracaso de la mal llamada “4-T”
Sí, enojo de Palacio que, a manera de respuesta, mostró a una
iracunda Claudia Sheinbaum –que la exhibió como ha sido siempre en sus
encuentros políticos privados--, justo en momento en que furiosa lanza un
abierto reclamo a diputados locales y presidentes municipales de Baja
California, a quienes les exige dejar la comodidad de sus oficinas “para
estar cerca de la gente”.
Sí, de risa loca.
Y es que, en los hechos, se trató de un reclamo presidencial propio
de una dictadora –una figura autoritaria--, que olvida, ignora o de plano se
burla de la existencia de los tres órdenes de gobierno –municipal, estatal y
federal--, consagrados en la Constitución.
Sí, una dictadora que le confirma a los ciudadanos y al mundo, que en
México tiene el control absoluto de los Tres Poderes de la Unión.
Y es que, si la señora Sheinbaum fuera una verdadera demócrata,
ante el reclamo generalizado de los habitantes de San Quintín, en Baja
California, debió explicar --a los ciudadanos que la apabullaron con sus
reclamos--, que ella nada tiene que ver con los poderes estatales y menos
municipales.
¿Y por qué según la Constitución, existe independencia entre los
poderes estales y municipales?
Y por eso, porque la Constitución establecer que en México el poder
se desempeña, de manera independiente, en los municipios, los estados y
en la federación, cada uno de esos poderes es independiente.
Sí, “la presidenta” debió decirles a los habitantes de San Quintín,
que el poder federal no puede interferir con las decisiones de los poderes
municipales y tampoco en los estados.
En cambio, la presidenta hizo público su desdén por La Carta Magna
y confirmó su gusto por violar el máximo ordenamiento federal.
Sí, en los hechos no le importaron los Tres Órdenes de Gobierno,
consagrados por la Constitución y, en cambio, les prometió a los
habitantes de San Quintín que enviará “un personero” del gobierno
federal para atender todas las exigencias que le plantearon por los malos
gobiernos municipales y estatal, lo que significa una violación a la Carta
Magna.
¿Pero qué creen que significa lo anterior?
Sí, que la presidenta confirmó que el suyo es un gobierno que ignora
toda concepción democrática y que está más cerca de una dictadora.
¿Y por qué una dictadura?
Porque les prometió a los habitantes del municipio de San Quintín,
en Baja California, que ella enviaría a un “mandón” desde Palacio, para
que desde el poder Ejecutivo se violen los derechos y obligaciones de los
gobiernos municipales y del gobierno estatal.
Peor aún, una iracunda presidenta regañó a los diputados locales y a
los alcaldes de Baja California, frente al reclamo social generalizado.
Y por eso volvemos a preguntar.
¿De verdad, la señora presidenta apenas se entera del enojo social a
causa de los malos gobiernos municipales y estales de Morena?
¿De verdad, el enojo social sólo existe en el municipio de San
Quintín, en Baja California?
¿De verdad, la señora presidenta no se ha enterado que el reclamo
de los habitantes de San Quintín, es el mismo reclamo de millones de
mexicanos en todos los rincones del país?
¿No sabe la presidenta que el reclamo de los habitantes de San
Quintín, es el mismo de todos los municipios y los estados del país?
Pero hay más.
También es una vergüenza que la llamada “prensa nacional” y casi
todos los medios del país se presten a los afanes dictatoriales de Palacio.
Por eso terminamos con la pregunta de rigor: ¿Hasta cuándo
despertarán los ciudadanos?
Al tiempo.