Justamente por eso, nos ha sorprendido tanto. O, por lo menos, parece haber puesto en estado de absoluto “shock” a millones de mexicanos.
Estamos acostumbrados a escuchar a políticos, a candidatos, prometer sin la menor intención de cumplir. Y jugamos, hemos jugado o tolerado, con sus reglas de mentiras repetidas. Andrés Manuel llevaba años diciendo lo mismo, incluso lo publicó como libro.
Y tal como lo dijo, lo está llevando a cabo.
¿A qué precio? Ese es otro tema.
Los especialistas en finanzas discuten la inconveniencia, el mal negocio de intentar vender el avión presidencial. López Obrador se comprometió a venderlo. Y eso es lo que está haciendo. Ponerlo en venta, enviarlo a Estados Unidos a una especie de “garaje” donde se “exhiben” los aviones. ¿Tendrá comprador? ¿Perderá el erario millones de pesos en su venta?
Lo cierto es que utilizar, mantener activo un avión cuyos asientos, ordenados por Peña Nieto, costaron ocho millones de dólares, era inmoral. Y esto, la inmoralidad de muchas realidades del pasado inmediato es lo que está viendo el presidente López Obrador.
¿Qué sucedió cuando el domingo tomó un vuelo comercial a Xalapa? Absolutamente nada. Siguió siendo mortal. Sufrió todas las molestias a las que se someten, rutinariamente, los viajeros. Y saludó a la gente, como si fuese mortal. Lo que, obviamente, tiene que abonar a su popularidad.
Lo del aeropuerto de Texcoco está inserto en esta misma lógica, tan nueva, tan impactante por su congruencia, porque ya estaba dicha, escrita. Se suspendió la construcción del nuevo aeropuerto. Punto. No hay vuelta atrás. Pero en los temas de finanzas, que no entienden los ciudadanos que votaron por Andrés Manuel, hay que mantener la construcción para vender y/o comprar bonos internacionales.
¿Cuánto nos costará esto? Millones de pesos, muchos millones de pesos. Pero es una de las decisiones del nuevo gobierno, que además se puso a “consulta”. No habrá cambio alguno, no va a haber aeropuerto en Texcoco, dólares de por medio hasta donde topen.
En lo político, otra vez promesas cumplidas. Porque siempre dijo que se iba a llegar a la verdad en el caso de los 43 normalistas desaparecidos, y para eso suscribió el decreto correspondiente. Con el agregado de un discurso que levantó ámpula en algunos sectores: “… en este nuevo gobierno debe reinar la verdad… ante todo… la verdad que es revolucionaria, que es cristiana. La mentira es reaccionaria, es del demonio”.
¿Nos gusta este estilo de gobernar? Es el que iba a ser. Es el que millones de mexicanos querían que fuese. Es el que tenemos. Es el que va a estar vigente por los años que siguen.
Y que comienza cada día antes de las seis de la mañana… cuando en Los Pinos, hace semanas, meses, ni siquiera se prendían las luces…
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