Itinerario político
Mientras en Zapopan, Jalisco, descendía el féretro dorado con los restos mortales de Nemesio Oseguera, abatido el 22 de febrero, en la Ciudad de México comenzaban a enterrarse nombres del organigrama federal. De forma sincrónica, 11 fiscales (Baja California, Campeche, CDMX, Durango, Hidalgo, Jalisco, Nayarit, Nuevo León, Oaxaca, San Luis Potosí y Tamaulipas) dejaron su encargo al tiempo que se despedía a uno de los capos mexicanos más poderosos de las últimas décadas.
En política las coincidencias existen; en seguridad, casi nunca.
La muerte del líder del Cártel Jalisco Nueva Generación no solo sacudió la estructura criminal del occidente del país y las excrecencias que posee en todo el territorio mexicano; también abrió una etapa de tensión tras la ruptura de un nodo de poder que durante años articuló territorio, finanzas y una estructura operativa de alcances inimaginables.
Borrar del mapa a una figura de esa magnitud implica mucho más que darle muerte: faltan más reacciones violentas, la disputa interna por la sucesión y un segundo movimiento, más sutil, pero determinante: el institucional.




