Las Batallas
Libros y autores en despojo. Censura de Trump
Teresa Gil
[email protected]
Cuando hay informes de que se recruce la censura en los libros en Estados Unidos, de parte
de Donald Trump, nos topamos con el dato de que el 9 de febrero se cumplen 48 años que
se creo en nuestro país el Correo del libro. Era un sistema que de hecho ha desaparecido no
por censura desde luego, pero que demuestra que en la Secretaría de Educación Pública,
de la que dependía, hubo un gran interés por promover el libro en nuestro país. Sistema que
partía de un revista que se enviaba a las escuelas en la que aparecía una lista de libros de
todos los temas, a precios irrisorios para que la gente los pidiera. Se llegó a tener cien mil
compradores. Pero absorbió el llamado correo otra oficina y el importante sistema de
promoción se perdió y jamás ha habido en nuestro país otro sistema parecido. Pero no ha
habido censura, aún en etapas panistas, para que circule todo tipo de literatura libresca. Al
grado de yo misma compré el terrible libro Mi Lucha, de Hitler, en un tenderete abierto al
público, que permitía esa difusión.
LA CENSURA EN ESTADOS UNIDOS SE METE CON AUTORES, ESCRITURA Y ARTE
La orden trumpista abarca escuelas, bibliotecas y hay una lista que menciona libros con
temas
específicos que ya de 2024-2025 prohibía que se mencionaran etnia, sexualidad y
diversidad personal. Ya desde entonces se censuraban autores uno de ellos Gabriel García
Márquez con su famosa Cien años de soledad, así como a Stephen King, con mayor parte
de sus muchas obras. La censura se extendía ya desde entonces a 23 estados pero se
recalca curiosamente a algunos gobernados por republicanos, y entre los más agredidos
estaban en esas cifras, Florida con 2 mil 304 casos, Texas con 1781 y Tennessee con 1622.
Esa agresión se extiende a varios niveles del arte, la música, la pintura y desde luego a la
cinematografía como ya se ha denunciado.
LA CENSURA DE TRUMP VIENE DESDE SU PRIMER MANDATO, AHORA AUMENTADA
La censura de Trump no surge por esta vez. Ya en su primer mandato había cerrado
espacios a muchas expresiones culturales. Recuerdo haber escrito este comentario en una
crónica en la que mencionaba la resiliencia que quería imponer Miguel Ángel Mancera en la
Ciudad de México y que le cuestionaba en un escrito el académico Carlos Moncada Gil, que
en esencia lo calificaba como censor. En mi comentario me refería a la nota viral sobre un
libro -La joven en casa de T.S. Arthur-, entregado a una biblioteca de Attleboro
Massachusetts 80 años después de haber sido prestado, que se exhibe como un caso
curioso. Pero en realidad puede ser utilizado como una estrategia para revivir las teorías del
autor que encajaría bien con las posturas ultraderechistas del presidente Trump. Arthur era
un autor de los llamados “temperantes” por algunas religiones evangélicas, que se oponen a
los placeres comunes utilizando como pretexto la salud. Uno de ellos era su repudio
enfermizo al alcohol al que dedicó varios de sus libros Aferrándose al monstruo y Diez
noches en la habitación de un bar y lo que vi ahí (1854), entre ellos. Repudio en el que no
entraban términos medios ni el consumo masivo de vino en multitud de países como una
consumición saludable -aprobada en términos médicos actualmente por la propia
Organización Mundial de la Salud-, ni los recuerdos bíblicos de aquellas bodas de Caná de
Galilea o Cannán, en las que se dio a los invitados el mejor de los vinos hechos nada menos
que por Jesucristo a petición de su madre, la virgen María. De ahí a la prohibición del placer
sexual que ya la iglesia católica delimita a la procreación dentro del matrimonio convencional,
Trump no se ha metido a esas honduras, pero casi con ciertas prohibiciones. Y entre otras
cosas que son alicientes del ser humano, hay un breve paso de lo que elimina el magnate.
La prohibición en esencia.




