Itinerario político
¿QUIÉN MANDA
EN PALACIO?
RICARDO ALEMÁN.
Con toda razón, no pocos opinadores de la llamada “Prensa
Nacional” le endilgan a “la señora presidenta” una debilidad endémica.
Dicen que “el verdadero mandón” en México despacha desde
Palenque y que en Palacio sólo vive una suerte de administradora de las
recurrentes crisis que se viven en México.
Y el mejor ejemplo de quienes creen que Claudia Sheinbaum no es
más que una figura decorativa, es que la presidenta no ha sido capaz de
echar de su oficina al impresentable Marx Arriaga, el depuesto director de
Contenidos de la SEP, quien sigue atrincherado en su oficina, en abierta
provocación a la presidenta.
Sí, gracias a esa provocación, no pocos opinadores creen que el de
Marx Arriaga –amigo entrañable de Palenque--, es el mejor ejemplo de la
debilidad presidencial.
Además de que en Palacio tampoco han sido capaces de sacudirse a
otro fardo del “obradorismo”, como Jesús Ramírez Cuevas, exvocero,
actual jefe de asesores y quien ha sido señalado como el presunto
responsable de llevar a Palacio a no pocos de jefes mafiosos de los
cárteles criminales.
Lo cierto, sin embargo, es que la supuesta debilidad presidencial
más bien parece una estrategia política cuidadosamente diseñada para
impedir un verdadero rompimiento entre las figuras centrales del partido
en el poder y, sobre todo, entre sus aliados.
Y es que a nadie en Morena y menos en sus gobiernos le conviene
provocar una fractura que, por decir lo menos, resultaría de
consecuencias catastróficas para el partido en el poder.
Por esa razón, porque día con día es mayor el riesgo de un
rompimiento en Morena y en sus gobiernos, la “presidenta” hace hasta lo
imposible para retrasar lo que tarde o temprano será inevitable; el
rompimiento con su “padre político”, López Obrador.
Y por eso las preguntas obligadas.
¿Quién manda en Palacio?
¿Hasta dónde tolerará Claudia Sheinbaum los actos de
insubordinación, las provocaciones deliberadas y las disputas por
arrebatarle tajadas de poder que la hacen ver cada día más debilitada?
Por lo pronto están a la vista de todos los intentos por descarrilar la
maquinaria de Morena, no sólo rumbo a las elecciones intermedias, sino
frente a las exigencias de los vecinos norteños; Estados Unidos y Canadá.
En el primer caso, para los aliados políticos de Morena –los partidos
paleros--, los procesos electorales estatales, locales y el federal son una
importante tajada de poder que pretenderán arrebatarle al partido oficial.
Por esa misma razón, esos partidos paleros –PT, PVEM y MC--,
echaron abajo la reforma electoral impulsada desde Palacio y que no era
otra cosa que la vuelta al viejo “partido único”, con la consecuente
desaparición de “la chiquillería política”.
Y es que, ante una fractura en Morena, esa “chiquillería” elevaría de
manera considerable el precio de sus alianzas con el partido oficial, lo que
al mismo tiempo abre una posibilidad electoral mayor para los verdaderos
opositores, tanto del PRI, como del PAN.
Y en el segundo caso –el de la alianza de Morena con las bandas
criminales--, parece que resultará inevitable la intervención directa del
gobierno de Trump, para romper los lazos entre “morenistas” y los
cárteles mafiosos.
Así, frente a una hipótesis como la arriba planteada, y de prosperar
la persecución del gobierno norteamericano contra los jefes mafiosos de
los principales carteles, resultaría inevitable el rompimiento de la alianza
de Morena y crimen organizado.
Un rompimiento de consecuencias catastróficas, ya que el mayor
riesgo sería la respuesta criminal contra los gobiernos “morenistas”.
Es decir, asistiríamos a una guerra de todos contra todos.
Y ese peligro y sus consecuencias los conocen bien en Palacio y en
Palenque.
Al tiempo.




