Visiçión financiera
¡ENTRE AMLO Y CLAUDIA
SOLO EXISTE LA GUERRA!
RICARDO ALEMÁN
Entre un expresidente, como López Obrador y una presidenta, como
Claudia Sheinbaum, no hay lugar para la reconciliación y menos para “el
regreso del padrino”.
Tampoco hay lugar para compartir el poder y menos para reconocer
que el padre se equivocó al decidir quién sería la heredera del poder.
Y viene a cuento el tema por la repentina reaparición de López
Obrador apenas a un año de dejar el poder de Palacio; reaparición que
confirma que no sólo es un mentiroso y un farsante que nunca dejaría el
poder sino que, ratifica que es la grosera versión moderna del
“Maximato”.
Sí, López Obrador quiere volver al poder absoluto, detrás del trono,
pero la pregunta es si la presidenta Claudia Sheinbaum está y estará
dispuesta a dejar el poder en manos de su mentor.
Y frente a tal dilema, los “analistas” políticos pueden decir misa y
hasta pontificar sobre la unidad entre “el padre y la hija”, pero lo cierto es
que día a día la disputa entre Obrador y Sheinbaum es más grande y de
mayor calado.
Incluso, los “políticos queda bien” pueden alardear de conocer la
lealtad del padre con la hija y de la hija con el padre, pero la realidad
política los deja en calidad de meros lambiscones, si no es que idiotas.
Lo cierto, sin embargo, es que nadie, en su sano juicio, puede
ignorar que “la señora presidenta” no está dispuesta a compartir el poder
con ninguno de los viejos o los jóvenes líderes de Morena y menos con su
padre político, quien intenta estar de vuelta “para corregir” lo que –según
Obrador--, supone un mal manejo del poder presidencial.
Pero si los ingenuos “analistas” o “políticos de café” tiene duda de
que la señora Claudia se formó en la escuela más radical del
maquiavelismo político, basta escuchar su respuesta –en “la mañanera”
del lunes 1 de diciembre del 2025--, luego de la reaparición de López
Obrador; vuelta al teatro político que se dio horas antes, el 30 de
noviembre del mismo 2025.
Sí, con el cuento de que presentaría su nuevo libro –otro bodrio que
le escriben sus amanuenses--, López dijo estar dispuesto a regresar a la
vida pública sí se cumplen tres premisas básicas que él mismo inventó.
Uno, que se produzca un Golpe de Estado.
Dos, que ocurra un ataque a la democracia mexicana y, sobre todo,
un acoso a la presidenta y…
Tres; que la Soberanía corra peligro.
En suma, se podría decir que detrás del trono, del mandato
presidencial, quien manda se llama López y quien sólo obedece se apellida
Sheinbaum.
Y por eso obliga preguntar: ¿Es cierta esa conclusión?
¿Pues qué creen? ¡Bingo… Resulta que “la presidenta” respondió a la
reaparición de AMLO, con un mensaje demoledor. Sí, dijo que su gobierno
no está en ninguna de las tres premisas previstas por su mentor, Obrador
y que, por tanto, no es necesario el regreso de López.
¿Y qué significa esa respuesta?
Elemental; está claro que “la presidenta” mandó al diablo a su
patrón, exjefe y promotor. Y es que, al mejor estilo de Maquiavelo, la
señora Claudia entendió que “el poder se ejerce, no se comparte”.
Y es que, si existe una mujer radical en la política mexicana, es
Claudia; quien no conoce lealtades, gratitudes y sólo entiende el “poder
por el poder”.
Sí, la “señora presidenta” se encumbró en el poder a partir de
principios maquiavélicos como la filosofía de que “el poder se ejerce y no
se comparte”.
Sí, Claudia es alumna del pensamiento maquiavélico que establece la
necesidad de mantener el poder a toda costa, más allá de la estabilidad, la
eficacia y las conveniencias políticas.
Una filosofía que lleva a los gobernantes a tomar decisiones nada
convencionales, que rompen con principios de lealtad y gratitud y que
entiende que la ambición y el miedo son extremos que controlan el poder.
Pero si aún tienen dudas de que “la presidenta” no permitirá el
regreso de AMLO, aquí algunos de los principios de Maquiavelo que la
inspiran.
1.- Control absoluto: Un gobernante debe mantener el control
absoluto para no ser reemplazado o ridiculizado.
2.- Miedo vs. amor: Es preferible ser temido que amado, ya que el miedo
genera un respeto más duradero y confiable en momentos de crisis.
3.- Realismo político: Maquiavelo separa la moralidad de la política,
observando la realidad tal como es en lugar de como se imagina.
4.- El príncipe debe ser un estratega: Debe mostrar su poder en lugar de
explicarlo y no confiar ciegamente en nadie.
5.- Naturaleza humana: Creía que los hombres son egoístas por
naturaleza, por lo que, para mantener el poder, el gobernante debe estar
atento a sus ambiciones y ser capaz de controlarlas.
6.- Estabilidad del Estado: El objetivo principal de un gobernante es
asegurar la estabilidad y la supervivencia del Estado, lo que requiere un
liderazgo fuerte y centralizado.
7.- La oposición debilita: Permitir la participación de otros en el poder
podría debilitar al gobernante y poner en riesgo la estabilidad del Estado.
¿Así o más clara la filosofía de la señora Claudia?
Sí, la “presidenta” no permitirá la vuelta de López Obrador.




