Itinerario político
Horacio Erik Avilés Martínez*
Hubo una decena tecnológica en México durante febrero. En apenas diez días, el país fue protagonista simultáneo de un
escándalo de ciberseguridad con implicaciones globales, de la presentación del primer estudio masivo sobre el impacto
de la IA en su economía, del lanzamiento de miles de cursos gratuitos en inteligencia artificial, de una convocatoria
nacional para que niñas y adolescentes lideren el futuro tecnológico y, de la entrega de chips de internet gratuito a
doscientos mil estudiantes en Michoacán.
Comprendamos estos diez días como un mapa de tensiones, contradicciones y oportunidades que definen dónde está
México y, sobre todo, hacia dónde podría ir si toma las decisiones correctas en los próximos meses. Todos estos temas
son capítulos de la misma novela: la del país que intenta hacer la transición más compleja de su historia educativa en
tiempo récord, con recursos insuficientes, pero con una voluntad política que, esta vez, podría ir más allá de la retórica.
Entre el 11 y el 25 de febrero de 2026, la Secretaría de Ciencias, Humanidades, Tecnología e Innovación, en coordinación
con la SEP, lanzaron la Convocatoria Nacional llamada “Niñas, Adolescentes y Mujeres por una IA sin Sesgos”. A primera
vista, podría parecer una iniciativa de equidad de género. Pero su alcance es más profundo.
Un sistema de IA entrenado con datos sesgados que toma decisiones sobre becas, créditos, contrataciones o
evaluaciones académicas reproduce en microsegundos, para millones de personas, siglos de desigualdad. La pregunta
más importante en el diseño de IA es eminentemente ética: ¿quién decide cómo aprende la máquina?
Paralelamente, el 25 de febrero de 2026, los medios nacionales e internacionales reportaron que un actor malicioso
había utilizado herramientas de inteligencia artificial generativa para vulnerar la seguridad informática del SAT, el INE,
los gobiernos estatales de Jalisco, Michoacán y Tamaulipas, el Registro Civil de la Ciudad de México y la empresa de agua
de Monterrey. La lección más profunda es que México no puede pretender insertarse en la era de la IA sin enseñar a sus
ciudadanos cómo funciona, cuáles son sus riesgos y cómo protegerse.
México puso en marcha el Centro Público de Formación en Inteligencia Artificial más grande de América Latina, con el
objetivo de certificar de forma gratuita a 25 mil personas al año. Los cursos, articulados a través de la plataforma
Saberes MX y en coordinación con el Tecnológico Nacional de México y 61 escuelas del sistema público, ofrecen tres
rutas de aprendizaje: inteligencia artificial y desarrollo de software, infraestructura y soporte técnico, así como
programas de inducción tecnológica.
Y, aunque el anuncio formal de la reforma al bachillerato nacional se hizo en diciembre de 2025, la SEP está renovando
15 carreras técnicas del nivel medio superior para incorporar Inteligencia Artificial, Ciberseguridad y Semiconductores
como ejes formativos. Por primera vez, el bachillerato técnico en México busca formar potenciales técnicos capaces de
mantener, programar y supervisar sistemas de inteligencia artificial.
También, el 27 de febrero de 2026 se celebraron las sesiones de Consejo Técnico Escolar (CTE) en educación básica en
todo el país. Los docentes de primaria y secundaria que así lo decidieron comenzaron a incorporar en sus planes de
mejora escolar el uso de IA generativa como herramienta de apoyo pedagógico, siguiendo directrices de la SEP
orientadas a evitar el rezago académico post-pandémico.
Durante años, la conversación sobre IA en las escuelas estuvo dominada por el miedo: al plagio, a la desinformación, a
que los alumnos usaran ChatGPT en lugar de pensar. Los docentes que han dado el paso de integrar la IA como un
asistente de enseñanza, para personalizar ejercicios, generar ejemplos adaptados al nivel del grupo, crear evaluaciones
diversificadas o ayudar a estudiantes con necesidades especiales, reportan mejoras notables en la motivación y el
desempeño. La sesión de CTE de febrero fue, para quienes libremente lo decidieron, el momento en que la conversación
pedagógica nacional dio un paso de la resistencia a la apropiación.
El obstáculo que persiste es estructural: en zonas rurales e indígenas, donde la brecha de conectividad es más severa,
estas directrices llegan sin fuerza. La IA como tutor personalizado es una promesa magnífica en una escuela secundaria
urbana con Internet. Pero, es casi ciencia ficción en una telesecundaria de la sierra michoacana con tres maestros,
cuarenta alumnos y conexión intermitente.
Aunado a lo anterior, el 23 y el 26 de febrero de 2026, la Universidad Autónoma de Quintana Roo (UAQROO) y la
Universidad Autónoma de Tamaulipas (UAT) anunciaron formalmente sus nuevos programas de Ingeniería en IA
Aplicada, con un enfoque sectorial específico: turismo inteligente en el caso de Quintana Roo, y energías renovables e
industria petrolera en Tamaulipas.
Asimismo, el 25 de febrero de 2026, el presidente de la Comisión de Economía del Senado presentó el primer análisis
econométrico basado en datos de 5.2 millones de empresas mexicanas del Censo Económico 2024, elaborado por el
Centro México Digital. El estudio, que examina el impacto de la IA en producción, salarios y empleo a escala nacional,
fue el detonante de un llamado formal a legislar sobre inteligencia artificial con un marco normativo flexible y
adaptativo.
Paralelamente, directivos de Microsoft México advirtieron en el AI Tour que, pese a un crecimiento del 17.8% en
adopción de IA, el país sigue por debajo de Argentina y Colombia en competitividad digital. Este dato tiene implicaciones
profundas para el sistema educativo. La advertencia de Microsoft es también un llamado urgente a repensar el modelo
universitario mexicano en términos de microcredenciales, aprendizaje modular y actualización permanente.
El 18 de febrero de 2026, el gobernador de Michoacán anunció que entregaría chips con internet gratuito a 237 mi.l 100
estudiantes de preparatoria, institutos tecnológicos y universidades públicas, como parte del Plan Michoacán por la Paz
y la Justicia. Los chips son la infraestructura que hace posible todo lo demás.
El 24 de febrero de 2026 arrancaron los cursos del Centro Público de Formación en Inteligencia Artificial para
estudiantes de bachillerato, en el marco del Plan Michoacán por la Paz y la Justicia. 7 mil 153 alumnos matriculados.
Cinco meses de duración. Modalidad en línea y síncrona, lo que significa que cada participante necesita internet. Los
contenidos abarcan inteligencia artificial, pensamiento matemático, desarrollo de software e infraestructura y soporte
técnico.
Hay un detalle en la historia de los semiconductores en México que es, a la vez, un gesto poético y una declaración de
soberanía: el proyecto gubernamental para diseñar y fabricar chips en el país se llama Kutsari, que en lengua purépecha
significa silicio, el elemento del que están hechos los semiconductores. Los estados de Puebla, Jalisco y Sonora han sido
designados como los polos de fabricación. Michoacán, con su herencia purépecha y su historia como cuna de la
metalurgia prehispánica, presta su lengua al proyecto sin estar todavía en el mapa productivo de los chips.
Michoacán tiene, en este momento, una ventaja que no tenía hace un año: visibilidad. Es el único estado del país
formando a bachilleres en inteligencia artificial. Es el primero en entregar chips de internet a escala masiva como política
pública. Lo que sigue es urgente:
Convertir los chips en el piso para alcanzar el techo. Los 200,000 chips de internet gratuito con cuatro gigabytes
mensuales alcanzan para consultar plataformas educativas, hacer tareas en línea y asistir a clases síncronas en
condiciones básicas. No alcanzan para trabajar con herramientas de IA intensivas en datos, ver tutoriales en alta
definición o descargar entornos de desarrollo para practicar código. El siguiente paso debe ser una alianza con la CFE
Digital y con operadores privados para aumentar los gigabytes disponibles conforme los estudiantes avancen en sus
programas de formación tecnológica.
Articular los cursos con el sistema formal de créditos académicos, Los 7,153 estudiantes que completaron su primer
módulo de IA en febrero obtendrán una certificación nacional. Eso está bien. Pero deben generar créditos universitarios
reconocibles en la UMSNH, en el IPN o en la UTM.
Formar a los formadores con la misma urgencia que a los estudiantes. El eslabón más frágil de toda esta cadena es el
docente. Los maestros de bachillerato michoacanos que hoy acompañan a los 7 mil 153 alumnos en estos cursos están
improvisando con dignidad. Michoacán necesita, con carácter de urgencia, un programa robusto de formación docente
en competencias digitales e IA que no sea un taller de dos días sino un proceso continuo, acreditado y ligado a
incentivos salariales-
Crear un ecosistema michoacano de innovación con IA. El estado necesita atraer y generar empresas tecnológicas que
absorban ese talento. Necesita parques tecnológicos, que el Guardián Forestal, el sistema de vigilancia satelital con IA
que ya opera para proteger los bosques sea el primero de una serie de soluciones tecnológicas producidas en Michoacán
para Michoacán. La IA aplicada al aguacate, al turismo en Pátzcuaro, a la gestión del agua en la Ciénega de Chapala, a la
prevención de desastres, etc. El laboratorio de problemas reales está aquí. Lo que falta es construir soluciones.
Conectar Michoacán con el Proyecto Kutsari. El nombre purépecha del proyecto nacional de semiconductores es una
metáfora que merece volverse realidad. Si México va a diseñar y fabricar sus propios chips, ¿por qué no puede
Michoacán tener un papel en esa cadena?
En suma: tenemos inmensos potenciales contrastados con una brecha de conectividad que deja a la mitad de sus
escuelas públicas sin internet funcional, un sistema de formación docente que no ha sido renovado a la velocidad que
los cambios tecnológicos exigen, un marco regulatorio para la IA que todavía no existe y una tendencia histórica a
anunciar reformas brillantes que se disuelven en la implementación.
Michoacán es, hoy, el espejo más nítido de esa paradoja. El estado que acumula el mayor número de municipios en
alerta por violencia y crimen organizado, que arroja cuatro veces más jóvenes a la migración o al subempleo que a sus
propias universidades, que aún tiene comunidades indígenas sin acceso a agua potable; pero, es también el estado que
decidió, en la misma semana, brindar a 7 mil 153 jóvenes cursos de inteligencia artificial, entregar 200 mil chips de
internet y nominar al silicio con una palabra purépecha.
La tecnología forma a los jóvenes que podrían quedarse, crear empresas, generar empleos y construir un estado
diferente. Y para ese futuro posible, cada persona y cada chip importan. Cada niña que aprende a programar y cada
maestro que supera el miedo al algoritmo importan. Porque la inteligencia artificial, en su versión más poderosa, no es
la de las máquinas, sino la de las comunidades, quienes deciden colectivamente que el futuro merece ser construido
aquí, con sus propias manos.
Ya se nos fueron de las manos las olas tecnológicas de los bulbos, de los transistores, de los circuitos integrados y la de la
nanotecnología, entre otras. No podemos fallar en esta ocasión. ¡Merecemos un gobierno educador!
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*Doctor en ciencias del desarrollo regional y director fundador de Mexicanos Primero capítulo Michoacán, A.C.