No sé si pase en otros países, pero en México cada vez es más común este tipo de escenas.

La impunidad sentada en una mesa, disfrutando de una charla y un buen pato pekinés, nada común, nada barato, pero lo peor es que muy posiblemente, nosotros, con nuestros impuestos robados, pagamos ese platillo, y esta vez, ni las sobras nos tocaron.

Emilio Lozoya está siendo procesado por recibir sobornos por más de 10.5 millones de dólares, por parte de Odebrecht, durante la aprobación de la reforma energética; de ahí le tocó repartir a encumbrados políticos mexicanos.

En este escenario, y con ese peso encima, llegó a un acuerdo con la Fiscalía General de la República para delatar a otros corruptos. Es decir, se cobijó en el “criterio de oportunidad” para salvarse, en la medida que más grandes son sus confesiones, mayores son sus privilegios.

Suponemos que la información que ha vertido es tanta que se puede dar el lujo de andarse paseando en restaurantes caros, haciendo una vida “normal”; al parecer haber atentado contra las instituciones ya no le quita el sueño, si es que alguna vez lo hizo.

En cualquier país, los mensajes de impunidad son muy peligrosos. No es una simple cena, es la muestra de un estado permisivo, y sólo así se puede explicar porque hay tanta corrupción, la que dice el presidente que va a combatir.

Imaginen qué piensan los corruptos actuales, cuando ven a los “enemigos” corruptos de antes, libres, disfrutando de lo robado. Se han de sentir seguros y motivados. Éste es el México que les conviene.

En un país donde la impunidad es arriba del 95 por ciento, estos mensajes, van cargados de un vacío de gobierno que pega en todos los rincones de México.

¿Por qué suceden estas escenas?, porque pueden. ¿Por qué hay niños y padres de familia protegiendo su vida como sucedió hace unos días? Porque no hay quien ponga un freno.

Por la mañana decía el presidente López Obrador que lo que hizo Lozoya “no es ilegal, pero sí inmoral”, pero no sólo eso, también es criminal, y en esto participan hoy las autoridades que deberían evitar este tipo de acciones.

Antes se robaban el 25% del presupuesto cada año y hoy sólo hay 4 detenidos. Lozoya y el 99.99% de los ladrones “corruptos conservadores” están libres. Parece que el presidente no quería desaparecer la “mafia”, solo quería ser el líder.

Yo, como todos los mexicanos, sí queremos una Transformación, no una simulación.