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Nueva realidad, nuevas prácticas
ÍNDICE POLÍTICO
FRANCISCO RODRÍGUEZ
LEÑA, HOGUERAS, ¿ENFRENTAMIENTOS?
El gobierno federal reparte leña
y ciertos comunicadores encienden y mantienen vivas las hogueras, sin tomar en cuenta que sus llamaradas resultan siempre incontrolables.
Escucho, por ejemplo, al lector de noticias de las seis de la tarde. A gritos compara la ocupación del Zócalo a cargo de los maestros de la CNTE con un imaginario impedimento de la celebración a la Virgen de Guadalupe, un 12 de diciembre, en La Villa. Fallido intento de mover las fibras religiosas de quienes en su audiencia son poco informados.
Ya antes había gritado sus protestas por la posposición de un espectáculo futbolístico la tarde del domingo 1 de septiembre. ¡Que ocupen las calles, pasa! ¡Pero no, que no nos quiten el futbol! ¡Eso sí calienta!, gritaba mutatis mutandi.
La hoguera pues. Para quemar en ella a los maestros disidentes. Para caldear los ánimos de la población en contra de ellos.
Pirómanos sociales los hay a todas horas. Igual el personaje del noticiero de las 13:00 horas que la tríada de las 8 de la noche. En todas las frecuencias del dial radiofónico, pues.
Hay incendiarios, también, en los medios impresos de circulación nacional tiraje promedio: 4 mil ejemplares en varios casos–, como el colega que llama vándalos a los mentores, o aquel otro que pretende ligar a los políticamente disidentes con criminales secuestradores.
La leña, por supuesto, la pone a su alcance la Administración federal, a través de boletines sin logotipo, mensajes SMS o de BlackBerry Messenger, donde dictan la línea a seguir. Sus editores o concesionarios del espacio público con intereses económicos que a veces son inconfesables– les acercan los cerillos. Y ellos encienden la hoguera.
¡Cuidado! El ya de suyo árido campo social está ahora mismo como yesca. Un chispazo de ingenio como cualquiera de los ejemplificados y ¡arde México!
Porque, innegablemente, los maestros que se oponen a la (mal) llamada reforma educativa laboral, en realidad– han puesto en jaque a la capital nacional y a quienes en ella, todos los días, tratamos de tener movilidad. Cierto, también, que las autoridades capitalinas han actuado con algo más que prudencia a veces se les ve hasta timoratos–, evitando la confrontación con las policías del DF
pero
Más prudente todavía ha sido la sociedad. De gritos, enojos, una que otra pancarta no ha pasado. Pese a los incendiarios al aire y sobre el papel. Pese a los exagerados operativos de las dizques autoridades de la capital.
Como los del aeropuerto tomado el viernes más reciente. Por la radio, en los portales de la red, por todas partes se decía que era prácticamente imposible llegar a la terminal aérea, cuando resultaba de lo más fluido.
20 CALLES A LA REDONDA
Si de exacerbar los ánimos en contra de los disidentes cualquier tipo de disidentes– se trata, van bien los leñadores y quienes encienden las piras del odio.
Serían las hogueras de las últimas semanas una suerte de ensayos para encender otras con gasolina en cuanto comiencen a presentarse las manifestaciones en contra de las llamadas reforma energética y reforma fiscal.
¿Harán lo mismo que con los maestros de la CNTE? ¿Cerrarán con fuerzas calles y más calles, 20 de ellas a la redonda, aunque el foco de la protesta se encuentre a kilómetros de distancia? ¿Para seguir enardeciendo a todos aquellos a quienes se les impide el libre tránsito?
No tanto a los manifestantes, como sí a la autoridad, los contribuyentes les importamos un rábano. Los primeros presentan disculpas. Pero, ¿y los funcionarios de la SEP, los de Gobernación, incluso los de Los Pinos y hasta los del Gobierno del Distrito Federal cuándo van a disculparse con la ciudadanía por los conflictos de todo tipo que en su incapacidad nos han hecho sortear a la ciudadanía? Sí, ellos, porque en su negativa a dialogar, a negociar, incluso a ceder, nos han entrampado a los ciudadanos.
Sólo importan ellos. Lo privilegiados del poder y del dinero como bien decía este sábado el respetado colega René Delgado en parte de su Sobreaviso:
Al poner todo el empeño en garantizar la instalación del Congreso de la Unión, asegurar la entrega del informe de gobierno, blindar el mensaje presidencial y aprobar la ley mencionada se mandó una señal, que, desde la percepción ciudadana, resultó desalentadora: importaba garantizar las necesidades de la élite política, no los derechos de la ciudadanía.
Cumplidos los protocolos y actos de aquellos dos poderes, se dejó al magisterio convertir a la ciudadanía en el rehén de sus bloqueos, marchas y sitios. Por encima de la élite política, nada; a costa de la ciudadanía, lo que se quiera. Ese fue el desalentador mensaje.
Las hogueras siguen encendidas.
Desde el gobierno federal siguen acercando leña a los pirómanos de los medios de (in)comunicación.
¿Hasta que haya muertos entre la ciudadanía?
Índice Flamígero: Más valía que hubiese resultado verdadera la insidiosa especie divulgada en ciertos medios: que los maestros disidentes tratarían de impedir el espectáculo del viernes por la noche en el Estadio Azteca. Así lo hubiesen querido, por lo pronto, los dueños, el ex entrenador y sus ratoncitos verdes, ¿no cree usted?
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