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Poder y dinero
El rechazo a la privatización del petróleo, que también de la electricidad, por la neoliberal contra reforma energética, vía el Pacto por México, por la izquierda parlamentaria –PRD, PT, PMC y el naciente partido MORENA-ha sido débil.
Dejar solo a la recolección de firmas, como acción principal, se siente tanto como no querer hacerlo, ya que de inmediato se cuestiona de que esta acción se centra en el pedirle a quien promueve la privatización a que no lo haga. Una prueba de esta situación ha sido el desechar recursos de amparo interpuestos por senadores de la republica.
La izquierda electoral no ha logrado, a veces se piensa que no ha querido o no puede, expresar con claridad su propuesta y mucho menos como la pondría en práctica para lograr beneficios.
Aún cuando la realidad le presta ayuda al tener hechos tan concretos como el que no se crean los empleos prometidos y el precio de la gasolina se incrementa cada mes, más que las tarifas de las gasolinas, el gas y la luz no bajaran.
Se acepta que “los precios de las gasolinas no disminuirán al ponerse en marcha la reforma energética” ni en 10 años, y también que la ruta de la privatización comprende la aplicación de gasolinazos será hasta el 2019 y a partir del 2020 la liberación del precio de los energéticos se hará de acuerdo a la determinación del mercado, esto es que en los próximos cinco años el precio de la gasolina se incrementará de manera controlada y después subirá de manera libre, sin control en buena filosofía neoliberal.
La campaña de spots en televisión que justifica la privatización es notoriamente basada en el engaño, de engañar a todos, cabe parafrasear y decir que se está en la idea, por la fuerza de la imagen de televisión, de que un spot de mentira repetido mil veces se vuelve verdad.
Al hecho y si con la fractura de la posibilidad de un bloque opositor, por forma y naturaleza de actuación, primero el PRD se lanzo al paso a llamar a la consulta, luego lo hace el partido MORENA.
Se suma también los señalamiento de que se cuestiona implícitamente la representatividad de la izquierda parlamentaria, el saqueo que se ha hecho por el charrismo sindical de control y las elites políticas, el que la renta petrolera no se usa para el beneficio nacional y del pueblo mexicano, así como el que no se deja ver que se busquen cambios verdaderos y profundos.
Al primero se le señala falta de coherencia ya que es una evidencia a luz que la privatización del petróleo fue y es el objetivo fundamental del Pacto por México, en que al participar la corriente que controla el aparato burocrático por el que se decide, se acusa complicidad. En esa ruta quedaron otros asuntos como la reforma política del Distrito Federal a la que se le coloco como moneda de cambio y luego se le olvido.
Es adecuado y tendrá reconocimiento que se lleve a cabo la consulta sobre la reforma energética, sobre la privatización del petróleo, que promueven los ciudadanos, así como se de cómo respuesta un rotundo ¡NO!
Así como también, como se dice, “firmar en apoyo a la realización de la consulta es también decir que no aceptamos los aumentos de precios, que estamos hartos de la violencia, de la superficialidad, de la falta de empleo, de los salarios miserables y de que nos quieran ver la cara un día sí y otro también. Firmar o recabar firmas para la consulta es una obligación ética, pero también es la forma de ajustarles las cuentas a los políticos tradicionales.”
Pero a todo esto, se dice en discusiones de agrupaciones de izquierda, tanto parlamentaria como social, que hace falta una acción directa en el espacio público, de fuerza, a lo que se esta considerando la convocatoria, construcción y organización de un paro cívico nacional que supere a lo que se considera una defensa débil y que sea una autentica contención a las políticas capitalistas neoliberales.