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SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 16 de octubre de 2025.-La historia ya es conocida. Esta vez fue en Tabasco, donde un adolescente de apenas 14 años fue detenido por su presunta participación como sicario dentro de un grupo delictivo. Un niño —porque a esa edad sigue siendo un niño— que ya conoce la violencia desde adentro, que la ha protagonizado y a la vez ha sido víctima.
El caso estremeció las redes, pero para organizaciones como Reinserta, no es una sorpresa. Ellos trabajando día tras día con menores reclutados por el crimen han documentado una realidad dolorosa:

Lo que para muchos parece una “elección” de vida, para ellos fue una trampa sin salida.
Las principales víctimas de los reclutadores son niños que crecen sin escuela, sin espacios seguros y sin adultos que los cuiden, que terminan encontrando en el crimen el único modelo de poder y pertenencia.
“Cuando la infancia crece rodeada de miedo y carencias, el crimen se presenta no como una elección, sino como la única opción”, advierte la organización en un comunicado.
El caso del menor tabasqueño revive historias como la de “El Ponchis”, un adolescente de 14 años detenido en Morelos en 2010, acusado de participar en ejecuciones y secuestros para el cártel del Pacífico Sur. O la del “Mini 6”, capturado en Tamaulipas en 2020, también de 14 años, que operaba como brazo armado del Cártel del Golfo.
Son nombres distintos, pero detrás hay un patrón: el reclutamiento empieza temprano.
Datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) y ONU México señalan que el rango más común de captación está entre los 10 y los 17 años, aunque hay registros de niños de apenas 9 años usados como “halcones” o mensajeros.
En 2024, la Red por los Derechos de la Infancia (Redim) estimó que más de 30 mil menores habían sido reclutados o utilizados por el crimen organizado en la última década. Muchos no llegan a ser detenidos; desaparecen, mueren o siguen operando invisibles dentro de las estructuras criminales.
Una deuda que es de todos
Expertos señalan que mientras el Estado no tipifique el reclutamiento de menores como un delito autónomo, es difícil dimensionar el problema o castigar a quienes los usan como soldados
Recientemente Reinserta, hizo el anuncio de que realizarán una gira nacional con Guías de Prevención del Reclutamiento, para capacitar a docentes, familias y comunidades sobre cómo detectar los primeros signos de captación criminal.

Porque detrás de cada “niño sicario” hay algo más que un titular: hay una infancia rota y un país que no supo protegerla.
Y mientras como sociedad no seamos capaces de mirar a esos adolescentes como víctimas antes que criminales, seguiremos siendo parte del mismo círculo que los empuja a tomar un arma antes de terminar la secundaria.




