Casos de Rocha y Andy López, sin peso en negociaciones del T-MEC: Ebrard
La citación de la Fiscalía de Michoacán a Leonel Godoy Rangel para declarar por el asesinato de Carlos Manzo no es un trámite cualquiera. Es, o debería ser, la apertura de una puerta que durante demasiado tiempo se mantuvo cerrada: la de la línea política del crimen. No basta con perseguir sicarios, choferes, halcones o intermediarios. Si Manzo fue asesinado después de denunciar amenazas, presiones y vínculos turbios entre poder y delincuencia, la investigación tiene que subir de nivel.
Y ahí aparece Leonel Godoy.
No aparece por casualidad. Aparece porque Carlos Manzo lo señaló públicamente. Lo llamó narcopolítico. Lo acusó de amenazarlo. Lo ubicó dentro de ese pantano donde la política deja de ser servicio público y se convierte en zona de convivencia, tolerancia o complicidad con los poderes criminales. Eso no equivale, por sí solo, a una sentencia judicial. Pero sí obliga a investigar. A fondo. Sin privilegios. Sin pactos. Sin esa cortesía hipócrita con la que en México se trata a los poderosos mientras se presume mano dura contra los de abajo.
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