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Eduardo Yener Santos/Quadratín Guerrero
CHILAPA, Gro., 24 de octubre de 2025.- En Acatlán, un pueblo nahua de este municipio, se fabrican velas y veladoras de manera artesanal desde hace más de 80 años para ofrecerlas a mercados locales y a ciudadanes vecinas de las regiones Centro y La Montaña del estado.
Acatlán está aproximadamente a 20 kilómetros al norte de la cabecera municipal y ahí existen cerca de 30 talleres artesanales, donde las familias conservan las técnicas y el método de elaboración de baño de cera desde 1940.
A pesar de conservar los métodos artesanales, las velas de Acatlán se elaboran con insumos importados desde el país asiático de China, debido a que existe mayor calidad y se ofrece menor precio.
Entre agosto-octubre, la producción incrementa comparado con todo el año, en espera de lograr buenas ventas por las festividades del Día de Muertos.
La familia de Edith Matías Alonso tiene su taller llamado San José y conserva los conocimientos heredados para elaborar cientos de velas y cirios de manera artesanal, sin el uso de alguna máquina industrial.
Para Edith Matías, se requiere paciencia, delicadeza y precisión en las más de 12 horas de trabajo que se dedican a diario, porque hacer velas, dijo, no sólo es una fuente de autoempleo, sino que es ofrecer una luz para los pueblos y las familias creyentes.
Una vela es un elemento sagrado que se vuelve indispensable en ceremonias religiosas, rituales, fiestas populares y, durante el Día de Muertos, son imprescindibles en los altares de las ofrendas.
En su caso, aseguró que lleva 40 años elaborando velas y veladoras, una artesanía que heredó de su padre José Matías, a quien en Acatlán lo consideran uno de los pioneros de fabricación de velas entre1930 y 1940.
En la elaboración de velas de Acatlán se involucran aproximadamente 70 familias, quienes ancestralmente se han dedicado a dicha labor y representa un sustento económico.
Ello, debido a que la cadena de producción se distribuye: desde el corte de los hilos o lazos para las mechas, que también se les conoce como pabilos, la fundición de la cera, la colocación de las mechas en los cuadros de 22 piezas, el bañado de la parafina y confeccionar las velas o cirios en el carrusel, desmontar y enfriar, cortar a medida y pesar los kilos de velas para su envío a los mercados.
José Luis Matías es otro artesano de velas y recordó que sus abuelos comenzaron a fabricar velas con cebo de animales y cera de abeja, pero en los últimos años esos insumos han sido sustituidos ante la demanda.
Recordó que la cera de abeja mexicana se mermó a inicios de 1980 y las familias veleras tuvieron que recurrir a insumos de otros países, experimentando con parafina importada de Alemania, Argentina y China, siendo este país asiático el que les ofrece mayor calidad y menor precio, que resiste entre 60 a 80 grados de fundición y así pueden hacer frente a las fábricas de velas de Puebla y Estado de México.
Luis Matías indicó que a pesar de que en México existe petróleo, no se tiene la misma calidad de parafina, porque el nativo es de poca consistencia y las velas y veladoras se derriten fácilmente ante las temperaturas ambiente del sol.
Como cada año, en estas fechas, los artesanos de velas de Acatlán esperan tener ventas en mercados locales para el sustento familiar, y anhelan que sus velas, veladoras y cirios de cinco kilos sigan llegando a puestos de los municipios de Chilapa, Tlapa, Ayutla, Ometepec y demás.




