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Tuxtla Gutiérrez, Chis., 08 de Enero 2026.- Por medio del arte de los títeres, la gestora cultural Rosa Belén Martínez Nangocet comparte con niñas y niños mensajes de amor, respeto e identidad, a través de historias inspiradas en la tradición y la vida cotidiana de Chiapas.
Rosa Belén Martínez Nangocet, licenciada en Gestión y Promoción de las Artes, ha encontrado en los títeres una poderosa herramienta para conectar con el público infantil. Desde hace varios años se dedica al oficio de la titiritería, disciplina en la que da vida a Sebastiana, una entrañable títere de mesa con la que recorre escenarios contando historias cargadas de imaginación, memoria y valores.
Sebastiana no es solo un personaje: es un puente entre la fantasía y la realidad. A través de ella, Martínez Nangocet transmite mensajes de amor y respeto, recupera anécdotas heredadas por los abuelos y muestra a las infancias que la magia también habita en lo cotidiano. “Un títere es una extensión de nuestra imaginación; nos permite decir cosas de una manera más digerible para los niños”, explica la titiritera.
El camino de Rosa Belén hacia este arte comenzó en el teatro. Fue ahí donde conoció a otros creadores de títeres y aceptó una invitación para trabajar con ellos. La experiencia la marcó profundamente, al descubrir que la titiritería no solo es un trabajo escénico, sino también teatro del objeto, una disciplina que transforma cualquier elemento en un ser con vida propia.
Sebastiana, como títere de mesa, está diseñada para generar movimientos orgánicos sobre una superficie, lo que permite una manipulación cercana y expresiva. Con ella, la artista ha creado dos minicuentos y cuatro personajes en total. Uno de los más representativos es La Navidad de Sebastiana, obra que ha trabajado durante dos años y que está dirigida a toda la familia. En esta historia, Sebastiana comparte escena con un diablito en un relato que combina humor y reflexión.
Otra de sus propuestas es Sebastiana y la diosa Nandadá, una leyenda que aborda el cuidado del Cañón del Sumidero y rescata la figura de Nandadá, protectora del río Grijalva para los antiguos chiapanecas. La obra retoma elementos de la cultura maya y busca preservar tradiciones que, según la creadora, ya no suelen difundirse por otros medios. “El arte también tiene el trabajo de rescatar la identidad, en este caso la identidad chiapaneca”, afirma.

Además de los títeres de mesa, Martínez Nangocet destaca la diversidad del universo titiritero: marionetas de cuerda, títeres de guante, bocones, corporales y gigantes, como los tradicionales muñecones de Acala. Todos, señala, forman parte de una misma familia artística cuya diferencia radica en la técnica de manipulación.
Sebastiana nació inspirada en San Sebastián Mártir, en el marco de actividades comunitarias realizadas cada 20 de mes en Chiapa de Corzo. En estos encuentros, el personaje convivía con niñas y niños después de las piñatas, contándoles anécdotas sobre las tradiciones locales y guiándolos en pequeños talleres creativos.
Con el tiempo, Sebastiana dejó de ser solo “una mujer campesina” sin identidad para convertirse en un personaje con historia propia, orgullosa de su nombre y de su origen.
De cara al futuro, Rosa Belén Martínez tiene claro su objetivo: seguir contando historias para los niños. Considera que Sebastiana aún mantiene ese delicado equilibrio entre la magia y la realidad que caracteriza a la infancia. “El niño le cree al títere, se identifica con él”, comenta. Y es precisamente en esa confianza donde la titiritería encuentra su fuerza transformadora.
Así, entre risas, leyendas y vivencias cotidianas, Sebastiana continúa celebrando quién es y recordando a las nuevas generaciones que la imaginación también es una forma de identidad.




