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MORELIA, Mich., 16 de septiembre de 2025.– La noticia de la muerte de Robert Redford, actor, director y productor que marcó al cine del siglo 20, encontró en Morelia un eco especial. No fue solo la partida de un ídolo de Hollywood, sino el recuerdo vivo de un vínculo entrañable: aquí, en la capital michoacana, recibió uno de los homenajes más significativos de su carrera, durante el Festival Internacional de Cine de Morelia (FICM) en 2019.
En aquella edición del festival, Redford fue galardonado con la Presea a la Excelencia Artística, en una ceremonia que reunió a cineastas, críticos, estudiantes y cinéfilos. El Teatro Mariano Matamoros se llenó de aplausos cuando la figura del intérprete de Butch Cassidy and the Sundance Kid apareció en el escenario. Con gesto sobrio y pocas palabras, agradeció la distinción: “Me siento honrado de estar aquí”, exclamó. El festival develó una butaca con su nombre, como parte de la tradición de rendir tributo a figuras esenciales del séptimo arte, y anunció que una sala de cine lo recordaría permanentemente. Con ello, Morelia se convirtió en una ciudad ligada para siempre a su legado. La entonces secretaria federal de Cultura, Alejandra Frausto, destacó que reconocer a Redford era también reconocer a un artista que abrió espacios a nuevas generaciones mediante el Sundance Institute, su plataforma de apoyo a cineastas independientes. Cercanía con México Durante su estancia en Morelia, Redford compartió un recuerdo personal que conmovió al público: su infancia en Santa Mónica, California, en un barrio popular donde convivió de manera cotidiana con familias mexicanas. “Jugábamos juntos, nos divertíamos juntos… éramos amigos”, relató, según documentó Sensacine México. Con esa frase sencilla y sincera, explicó la raíz de su afecto hacia México y su cultura. Ese testimonio le dio un carácter distinto a su visita. Redford no llegó solo como una leyenda del cine internacional, sino como alguien que reconocía en México una parte de su historia personal. Para los organizadores del FICM, esa cercanía lo convirtió en uno de los invitados más entrañables en la historia del festival. La presencia de Redford en Morelia marcó la memoria del festival y de la ciudad. El FICM lo incluyó en su selecto grupo de homenajeados internacionales, al lado de figuras como Quentin Tarantino, Alfonso Cuarón y Juliette Binoche. Para Daniela Michel, directora del certamen, su visita representó un acto de legitimidad cultural: Morelia no solo era sede de un festival, sino un punto de encuentro para el cine mundial. Redford, por su parte, respondió con palabras de gratitud hacia el público michoacano y hacia México.
Reconoció que el país había sido escenario de varias de sus películas, pero sobre todo un espacio de afecto. Su voz pausada transmitió la serenidad de un artista que, después de seis décadas de carrera, encontraba en Morelia un momento de cierre y de celebración. Rodajes en tierra mexicana La relación de Redford con México no comenzó en Morelia, sino décadas antes a través de la pantalla. En 1969, la célebre Butch Cassidy and the Sundance Kid, que coprotagonizó con Paul Newman, utilizó locaciones en Taxco, Cuernavaca y Tlayacapan, Morelos, para recrear paisajes bolivianos. El portal especializado Movie-Locations documenta que la plaza principal de Tlayacapan fue transformada para la secuencia final de la película, considerada una de las más icónicas del western moderno.
Más adelante, en 2013, volvió a filmar en México. Esta vez en Rosarito, Baja California, donde los Baja Studios ofrecieron la infraestructura necesaria para All Is Lost, cinta en la que interpretó a un hombre perdido en el océano. Con un equipo reducido y bajo condiciones extremas, Redford pasó largas jornadas en el agua.
“Fue dolorosamente difícil, pero valió la pena”, dijo en entrevista con El Economista. Su estancia en Baja California incluyó también momentos fuera del set. Acompañado de su esposa, Sibylle Szaggars, visitó el Centro Cultural Tijuana (Cecut), donde recorrió exposiciones y dialogó con artistas locales. El portal SinEmbargo registró aquella visita como un gesto espontáneo de interés cultural.
México en la memoria de Redford Aunque no hay registros detallados de estancias prolongadas ni declaraciones específicas sobre la gastronomía mexicana, Redford solía subrayar el papel que la cultura mexicana tuvo en su formación humana. Su contacto de infancia con vecinos mexicanos, su experiencia de trabajo en locaciones del país y el reconocimiento en Morelia forman un mosaico que refleja una relación duradera y entrañable.
La partida de Robert Redford, a los 89 años, deja una huella imborrable en la historia del cine. En México, y particularmente en Morelia, su memoria se ancla no solo a las películas que filmó, sino al homenaje que lo unió definitivamente a esta tierra. Protección legal: Imagen ilustrativa generada digitalmente con fines periodísticos. No corresponde a una fotografía real de Robert Redford.




