SAN LUIS POTOSÍ, SLP., 20 de octubre de 2019.- San Luis cuenta con una gran cantidad de leyendas, las cuales cobran vida año con año durante el mes de octubre, antes de las celebraciones del Día de Muertos.

Una de las más populares es la conocida como Leyenda de La Maltos. Se dice que durante la época colonial, en San Luis Potosí existió una bruja conocida como La Maltos quien era muy poderosa y tenía un gran dominio de la magia negra.

Debido a que contaba con una importante influencia entre los integrantes de la Santa Inquisición, utilizaba su poder para decidir sobre la vida de los habitantes del pueblo, causándoles temor y respeto a todos por igual.

A pesar de que en la ciudad había toque de queda, se cuenta que La Maltos gozaba de total impunidad y podía pasear a altas horas de la noche por las calles empedradas de la ciudad, en un carro tirado por dos enormes caballos negros, mientras pronunciaba sus hechizos.

Solía residir en un edificio que se encontraba en el terreno que actualmente ocupan los Arcos Ipiña,el cual era utilizado por la Inquisición para realizar sus horribles oficios.

La Maltos utilizaba el espacio para realizar poderosos conjuros a manera de castigos y torturas, que solían terminar con la muerte de los infortunados prisioneros.

Un día, la mujer cobró la vida de dos personas de gran influencia política y económica, lo que provocó que perdiera la protección que le brindaban las autoridades y ordenaron su aprehensión.

Fue frente a la hoy llamada Plaza de los Fundadores donde los pobladores escucharon la condena a muerte contra La Maltos, luego de ser acusada de asesinato y brujería.

La señalada no se defendió, pero pidió que antes de ser ejecutada se le permitiera hacer un dibujo en su morada, para dejarlo como recuerdo de su memoria.

Al ser aceptada su petición, se escoltó a La Maltos hasta su habitación, donde comenzó a dibujar una carreta con dos caballos negros, iguales a los que utilizaba por la noche cuando recorría la ciudad; luego, se dibujó a sí misma conduciendo la infernal carroza.

Ante la sorpresa y terror de los testigos, La Maltos comenzó a recitar unas palabras mágicas mientras el dibujo comenzaba a cobrar vida y ella se adentraba en la obra, conduciendo el carruaje y marchándose para, ¿nunca volver?