1. Estimados hermanos que peregrinan en la Diócesis de Tapachula, la Cruz es el estilo de seguimiento que propone el Señor Jesús para todos. El camino de la Cruz exige esfuerzo, sacrificio, renuncia y entrega; tal parece que ese camino en nuestro tiempo es poco valorado, deseado y muy abandonado. Sin embargo, se nos olvida que la Cruz es el camino y que el destino es la Resurrección, la Vida Eterna. Que nuestro esfuerzo cotidiano se vea animado por el anhelo de alcanzar el Reino de Dios.  
  2. La Iglesia Diocesana de Tapachula es y será siempre una Iglesia de puertas abiertas para todo aquel que quiera vivir la misericordia de Dios. En este sentido, siempre nos hemos identificado con la ayuda y solidaridad hacia los hermanos migrantes que, pasando por nuestro territorio, muchas veces necesitan de nuestra generosidad. En la labor de ayudar a los migrantes tenemos claro que no se trata de ser protagonistas, ni de proponer leyes, ni de decirles que ya no vengan; se trata de vivir el Evangelio de Jesucristo que nos anima a ser cercanos a los más pobres y sencillos. La reunión de Obispos de la zona sur de México junto con los de Guatemala, El Salvador y Honduras servirá para articular esfuerzos con Centroamérica y responder mejor ante las emergencias migratorias que estamos viviendo y de las que vamos a ser testigos. Como ya lo decían los hermanos directores de albergues o casas de atención a migrantes reunidos en la ciudad de México, queremos ser  voz de aquellos que pretenden ingresar al territorio nacional con la finalidad de cruzar hacia los Estados Unidos y son detenidos en la frontera Sur de México mediante el muro humano de la Guardia Nacional, de aquellos que imploran se les facilite un salvoconducto para poder continuar su camino y son ignorados, de aquellos hermanos que se encuentran en tránsito y que se ven hostigados o extorsionados por agentes de diferentes dependencias o por el crimen organizado. Como Iglesia sabemos que la migración no tiene por qué verse o convertirse en un problema social, sino en una oportunidad de desarrollo y convivencia que genera una nueva cultura de inclusión  y participación, de progreso y crecimiento social, de armonía y creatividad, haciendo frente a esta marcada indiferencia que, como dijimos, ya se manifiesta en diversos sectores de la sociedad civil.
  3. Los cristianos católicos sabemos que diariamente pero, de manera especial, iniciando el mes de septiembre, contemplamos y reflexionamos el tesoro en el que nuestro Padre Dios ha querido darnos a conocer su voluntad. La Sagrada Escritura es el texto que Dios escribió, con la colaboración de los escritores sagrados [hagiógrafos], para que lo conociéramos, pudiéramos encontrarnos con Él y, conociéndolo, ilumináramos nuestro andar personal y comunitario en esta vida peregrina. Invitamos a todo el Pueblo cristiano a renovar, fortalecer y aumentar su amor a la Palabra de Dios y podamos vivirla en el quehacer cotidiano. 
  4. Quienes vivimos en la región nos hemos asombrado de los acontecimientos que suenan en los Medios de comunicación social, entre ellos, el asunto de la inseguridad en el País. Este asombro crece más porque vemos cómo en nuestros pueblos y ciudades aumentan los actos delictivos. Aunque las autoridades hacen lo que pueden, queremos unir nuestra voz a la sociedad que clama justicia y paz en nuestras comunidades. Al mismo tiempo, queremos exhortarlos a ser generadores de una cultura que vive segura y promueve la paz. 
  5. Todos nos hemos dado cuenta del cambio climático que estamos viviendo. En la raíz, hemos olvidado quiénes somos: criaturas a imagen de Dios (cf. Gn 1,27), llamadas a vivir como hermanos y hermanas en la misma casa común. No fuimos creados para ser individuos que tiranizan la creación; fuimos pensados y deseados en el centro de una red de vida compuesta por millones de especies unidas amorosamente por nuestro Creador. Es la hora de redescubrir nuestra vocación como hijos de Dios, hermanos entre nosotros, custodios de la creación. Es el momento de arrepentirse y convertirse, de volver a las raíces: somos las criaturas predilectas de Dios, quien en su bondad nos llama a amar la vida y vivirla en comunión, conectados con la creación. Intensifiquemos nuestra oración, uniéndonos a la intención del Santo Padre para que los políticos, científicos y economistas trabajen en la conservación de los mares
  6. Nos encomendamos en oración a Jesucristo migrante, para que acompañados de la Virgen María, la Inmaculada Margarita Concepción y de San José, podamos llegar a la casa del Padre celestial. 

Fraternalmente

+ Mons. Jaime Calderón Calderón

VIII Obispo de Tapachula